En medio del descalabro, la vida le sonríe otra vez al MPN

No hay casi nada que esté bien en el país. La economía va muy mal, la política es un show de desaciertos permanentes, y la joya más preciada de la democracia, la paz social, parece nuevamente amenazada. En este contexto, esta realidad impiadosa le sonríe al MPN. El partido de Neuquén ganó dos elecciones al hilo, y se prepara para ganar la tercera, que será el 14 de noviembre; al tiempo que ya riega la plantita que acaba de plantar, un renovado proyecto de coalición que agranda su horizonte más allá de su padrón de afiliados.

El experimento que se hizo en la práctica y la acción concreta desde el gobierno de Mariano Gaido rindió un buen resultado: El MPN sumó una banca propia, más otra de un aliado circunstancial aunque confiable, como es Guillermo Monzani. Gaido, que gobierna con una coalición concreta, con funcionarios heredados de Quiroga, y otros que responden a distintas filiaciones políticas, desde UNE a radicales renegados, podrá gobernar los próximos dos años con un Deliberante amigable, en el que tendrá una mayoría relativa.

La elección capitalina mostró, como habíamos anticipado, la tendencia a la bipolaridad del distrito más importante de la provincia. Las listas lideradas por Claudio Domínguez y el opositor Juan Peláez sumaron más de 40 por ciento de los sufragios. El kirchnerismo apenas si pudo superar a Monzani, y entre los dos sumaron poco más de 20 por ciento. La izquierda se quedó casi con 10 por ciento de los votos, confirmando que está construyendo ese piso de manera sólida. Los demás contribuyeron a la disgregación y el reparto de votos minoritario. Esto, en un contexto de una relativamente baja participación ciudadana, que alcanzó, no obstante, para darle el «Sí» a la enmienda de la Carta Orgánica, que queda ahora ante otro nuevo referéndum: el que dictamine el Tribunal Superior de Justicia, ante los recursos presentados por inconstitucionalidad.

El MPN podrá, después de las elecciones del 14, comenzar a construir su opción para 2023, y es lo que hará. Su gobierno ya presentó un generoso presupuesto para aplicar el año próximo: 320 mil millones de pesos. El de este año había sido de 184 mil millones.

Mientras el destino del país se prevé incierto, con un oficialismo debilitado y dividido, y una oposición que se armará en concreto solo después del resultado del 14, aquí, en Neuquén, todo parece previsible, todo parece programado. Esa sensación dista de ser placentera, es, tal vez, inquietante, y mueve a la sospecha: ¿Por qué, en Neuquén, parece que el futuro ya está escrito? ¿Es un engaño, una puesta en escena, o una rara confabulación de la naturaleza social de esta provincia?

Rubén Boggi

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