La economía de la peste sacude y potencia al MPN

En la larga cuarentena de la impiadosa pandemia, el mundo se ha acelerado, o, al menos, eso ha pasado con la percepción subjetiva del tiempo en los seres humanos. Lo concreto es que se ha entrado ya en los meses del fin de año; un año, siempre a juzgar por las percepciones subjetivas, que parece perdido. Un año difícil de remontar. Un año en el que la economía estatal, pública, y la privada, sectorial, entró en el quebranto.

El gobierno de Omar Gutiérrez ha batallado durante los últimos siete meses, en un contexto de inexorable pérdida de ingresos. Son 20 mil millones de pesos menos a lo presupuestado, los que no han ingresado en el Tesoro neuquino. El resultado es concreto y difícil de admitir: hay un déficit, al 30 de septiembre, de unos 10 mil millones de pesos en las cuentas públicas.

El apuro por reactivar Vaca Muerta se entiende en este contexto. Por eso Gutiérrez trabajó incansablemente en acercar posiciones entre YPF y el gremio petrolero. A fines de la semana se anunció ese trabajoso acuerdo, que es de coyuntura, que no está diseñado para ser demasiado perdurable, sino para sacar a la formación geológica más espectacular nunca antes descubierta, de un paro que no era digno de la actividad humana que merece para ser aprovechada.

Habrá 45 equipos trabajando en los yacimientos, en marzo, prometió YPF. Era un paso necesario, imprescindible para la economía neuquina, pero también para la economía nacional. A tal punto esto es cierto, que no se descarta que el presidente, Alberto Fernández, se de una vuelta por los yacimientos, algún día de las próximas semanas, para ubicar a Vaca Muerta otra vez en el centro de la escena de la esperanza reactivadora, después de tantas malas noticias que le siguieron a aquella ya insólitamente lejana negociación y acuerdo por la deuda externa.

El acuerdo rubricado por Sergio Affronti y Guillermo Pereyra abre un escenario un poco más previsible. Es posible que comience a acallarse gradualmente el estruendoso reclamo de las empresas de servicio petrolero; y que se empiecen a concretar las eventuales medidas subsiguientes, por ejemplo, el promocionado y todavía límbico Plan Gas.

Todo esto ocurre mientras la pandemia expresa en la región su costado más siniestro. La explosión de contagios y muertes terminó provocando un miedo todavía mayor al que había, solo comparable con el largo fastidio de la anormalidad. El gobierno se debatió en la imposibilidad y en el pago de las consecuencias de una política que fue elegida desde Buenos Aires, y que ya terminó, porque fracasó estrepitosamente. Ahora, se sabe que lo que había que reforzar no eran los controles policiales, sino los recursos sanitarios.

“No hay recurso que aguante ante esta pandemia”, deslizó, convencido, uno de los voceros de la preocupación estatal ante el fuerte brote. Pero ahí está el meollo de la cuestión: es cierto, los recursos disponibles no alcanzan pese a que se reforzaron; y, por lo tanto, sólo queda seguir reforzándolos. Lo más nuevo, en este caso, será la convocatoria a las Fuerzas Armadas, para que su personal médico y de enfermería, pase a engrosar ese imprescindible recurso común sanitario en los hospitales neuquinos.

En la complejidad de la escena coyuntural, todos juegan, mientras tanto, sin medir demasiado las consecuencias. Por ejemplo, los gremios estatales, que vuelven a coquetear con el fuego en medio del incendio. Tanto ATE como Sejun -el gremio judicial- parecen sentir la aparentemente inevitable tendencia a marcar la cancha desde la prepotencia sectorial, no sea cosa que sus afiliados pierdan la posibilidad de sacar un pedazo más de la torta antes de que se termine del todo. No parece sensato, pero en medio del desastre se juega al renacer de los conflictos. Esto se venía venir, como inexorable componente del juego político, que muchas veces no vacila en poner el bien común en riesgo, solo para satisfacer demandas de tal o cual sector.

En el mismo sentido, va la corriente política. Como habíamos anticipado en estos escritos, lo central pasa por el mismo generoso continente del MPN. La convención partidaria dio a conocer un mandoble retórico contra los conspiradores. “Son los que no aceptan haber perdido en las últimas elecciones”, se reafirma. Se les atribuye la actividad subversiva de trabajar ampliando naturales demandas de algunos intendentes. Todo esto sucede en medio del pandemónium. El gobierno, así, batalla más con los problemas internos que con los rigurosamente externos. No es la primera vez que sucede en Neuquén, es casi natural, en función de su singularidad política.

¿Cómo se resolverán tantos conflictos mezclados? Es posible que no se resuelvan, sino que se vayan conjurando por sí mismos, cayendo por el peso de las situaciones que vendrán. La fuerza de la pandemia, de lo que los argentinos resolvieron hacer con ella, es determinante. Octubre se agotará en esos menesteres. Lo que quede en pie, será lo que comenzará a trabajar para darle fin al peor año del siglo.

Rubén Boggi

Etiquetas del artículo:
·
Categorías de los artículos:
Editorial

No se permiten comentarios