Pandemia: del aislamiento ciudadano al gubernamental

La rigurosa pandemia de coronavirus ha producido en la política argentina un efecto no calculado, no previsto: precipitó las internas. En medio del desconcierto, tras una cuarentena que no termina, y que ha ido a contramano de la curva de casos de contagio, el efecto político se puede sintetizar en que se ha pasado del aislamiento ciudadano, al aislamiento de los gobiernos. Los dueños de la gestión, cada uno en su distrito, se han encapsulado. El Estado ventila sus rencillas con anticipación. Y es riesgoso, porque puede haber una implosión, mientras, afuera, la gente ya decidió que convivirá con el virus hasta que llegue, como maná del cielo, la prometida vacuna.

En el peor momento de la pandemia en Argentina, el mensaje del gobierno se redujo a una exposición del Presidente, grabada, y de corta duración. Alberto Fernández está en una tal vez inevitable guerra, pero que se esperaba para más adelante, con su vicepresidenta, Cristina Kirchner. No quiere enfrentar periodistas, porque sabe que lloverán preguntas que no conviene responder. Aún así, el discurso presidencial se ha llenado de infortunios, de conceptos contradictorios. La pelea con la vice, y su afán por atenuarla, sin éxito alguno, terminó por enfrentarlo con Rodríguez Larreta, quien había sido hasta ahora su mejor socio desde la oposición; y la convivencia con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, es cada vez más difícil.

La interna del gobierno nacional está floreciendo por debajo y por encima de la superficie. La Vicepresidente ninguneó su propia reforma judicial, apenas atisbó que no pasaría Diputados. Ya vendrá, dijo, la verdadera reforma, que es más grande, más ambiciosa. En el camino, ordenó a la Oficina Anticorrupción que intimara nada menos que al propio Presidente. La orden se cumplió, y el Presidente no respondió, ya seguro de que las formas comenzaban a licuarse en el vértigo de la confrontación.

En Neuquén, la interna en el MPN también circula con anticipación no deseada. Es una interna con menos expresiones directas que la nacional, pero no por eso, menos concreta. Una de las primeras explosiones devenidas de la disputa partidaria, sorda y camuflada, es la crisis en el Tribunal Superior de Justicia. Se evidenció en el ámbito judicial, primero, en una designación legislativa que provocó alboroto. A eso le siguió una fuerte arremetida contra el juez y vocal de la Corte, Germán Busamia. No hay que dejarse engañar por las señales de estas peleas. Esconden, en realidad, la interna del MPN, y el germen de lo que se verá cuando llegue el momento de definiciones electorales.

La interna del MPN tiene una clave, una especie de catalizador, que, siguiendo sus señales, permite juzgar al resto del comportamiento de ese gigantesco animal de cobijo político partidario. Es, en esta coyuntura, el hermano del gobernador y titular del COPADE, Pablo Gutiérrez Colantuono. El crecimiento de su protagonismo, su marca en la lingüística oficial, la imposición de temas de acción gubernamental que ha conseguido, es lo que impulsa la reacción de sus opositores. Ese catalizador puede marcar el momento en que blanquearán su guerra las dos fracciones principales en las que se divide actualmente el MPN.

Más allá de las señales, que para los observadores son claras, y no así para el conjunto de la ciudadanía, en razón del aislamiento de finales de pandemia en el que se han sumergido los gobiernos, es probable que en Neuquén la prueba de la interna se tenga, plasmada en hechos partidarios concretos, recién a fin de año, o primeros meses del año que viene. Ahora, todo es una gran puesta en escena de concordia, por la fuerza de un escenario económicamente desfavorable. El MPN se ha juramentado en llevarse muy bien con Alberto Fernández, sin perder contactos con Cristina Kirchner. La asunción del peronista Darío Martínez en la secretaría de Energía, y la sede neuquina que tendrá esa cartera, aquí en Neuquén, la resolución de un conflicto petrolero sin que se llegara al paro, abrió una puerta de mayor esperanza para una pronta reactivación de Vaca Muerta. Pero, la fuerza de la expectativa, en un presente de carencias y ahogos financieros, no hará más que potenciar la ansiedad por hacer la guerra interna, para definir quién tendrá la sartén por el mango, después que pase lo peor del temporal sanitario-económico.

Rubén Boggi

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