Congelar sueldos…y aun así no alcanzará la plata

El Estado comienza a descubrir otra vez, como pasa más o menos cada diez años en este país, que cuando cae la actividad económica, mayoritariamente privada, se queda sin recursos. Porque la plata del Estado, es la plata que aporta la actividad privada.

El Estado no genera recursos, salvo cuotas mínimas de, por ejemplo, las empresas estatales. Que, en Neuquén, no son siquiera empresas, sino “Entes”, que no se preocupan demasiado por vivir de sus propios ingresos. Para decirlo en criollo, generalmente son deficitarios.

Así, cuando el gobierno habla de una “caída de recursos”, en realidad está hablando de que ha caído la actividad económica. Si cae la actividad económica, caen los aportes que se le hacen al Estado, obligatorios, a través del pago de impuestos.

Por eso es que el Estado se muerde la cola y se envenena a sí mismo, cada vez que un gobernante o político en general habla del “Estado presente”. El Estado solo estará presente si hay una floreciente actividad económica privada. Si no la hay, el Estado se convierte rápidamente en un pordiosero que mendiga, desde oficinas de paredes descascaradas, atendidas por pálidos burócratas de raídas ropas grises.

El tema, pues, no es tan complicado. La pandemia, la cuarentena, y todas las medidas excepcionales adoptadas por el brote de coronavirus, han llevado la situación económica de la Argentina, que ya era mala, a ser malísima. El Estado nacional, que es el único que puede emitir moneda, es decir, fabricar billetes, banca esta situación fabricando billetes a un ritmo casi demencial. Las provincias, que no pueden hacerlo, pasan a depender cada vez más de esa demencial fabricación de papeles pintados.

Todo es una cuestión de tiempos. Todos saben que lo que se está haciendo no da para mucho más. Por eso, se va volviendo a la activación económica. A permitir que la gente trabaje y produzca. No hacerlo, equivaldría a declarar la muerte del Estado. Porque es el Estado el que vive de la gente, no al revés.

En Neuquén, la reactivación llegará, fundamentalmente, desde el sector de producción de hidrocarburos. Que tiene su propio drama, producido en parte por la pandemia y en parte por las pujas políticas internacionales: el precio del petróleo está tan bajo, que no es posible producirlo en Vaca Muerta, lugar de explotación no convencional, que es la más cara en costos y que necesita un precio más alto para ser rentable.

Por eso, Neuquén espera, como el sediento en medio del desierto de arena, que Alberto Fernández establezca un precio sostén de, por lo menos, 45 dólares el barril. Por eso. Porque sabe que no solo tendrá que congelar salarios, como ya han decidido hacer algunos municipios, sino que además deberá achicar otros tipos de gastos, mientras reza y espera a que se reactive la economía y pueda volver a recaudar.

En ese tránsito, habrá sangre, sudor y lágrimas. Habrá esfuerzo. Habrá reclamos y clamores de quienes se sentirán postergados. Habrá, en fin, una repetición de la historia, agravada por el empecinamiento argentino en creer que la riqueza del país es un bien en sí mismo, algo que permite hacer cualquier desastre, sin pagar las consecuencias.

Rubén Boggi

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