El Estado complaciente en la sociedad crispada

Llega diciembre. Con este mes finaliza el año y comienzan los nuevos gobiernos. En Neuquén, la mayor expectativa está puesta en el municipio capitalino, donde asume Mariano Gaido, aunque también hay cierta expectación sobre lo que renovará Omar Gutiérrez. El Estado, como nunca, se enrolla sobre sí mismo en estas ocasiones. Hace evidente hacia afuera de la sociedad el alto porcentaje de componente laboral activo que brinda como servicio a la comunidad. Dicho esto, con cierto sarcasmo, se entiende.

“Veremos después del 10” es la frase más escuchada. Tanto como las fotos en las redes sociales de equipos ministeriales o secretarías subalternas, que despiden la gestión, el año, y se preparan para abrazar una nueva, o seguir en la misma, o retirarse a otras dependencias. Casi nadie queda afuera: el Estado benefactor es una realidad en el MPN. Lo máximo que puede pasar es alguna reducción salarial, alguna ventajilla menos. El Estado se ha organizado para ser muy eficiente en estas cosas. En el municipio capitalino no pasa nada demasiado distinto. Por empezar, porque mucha gente sigue, y con ella, sus estructuras. Los que no siguen, quedan acomodados. Además, las últimas semanas se aprovechan a pleno. Incluso para el dispendio de algunos dineros que se podría ahorrar para otros fines, tal vez más nobles.

Dos integrantes de la primera plana municipal, por ejemplo, viajaron a España, para participar de la Expo mundial de Smart City de FIRA Barcelona, que se realizó entre el 18 y el 22 de noviembre. El viaje de “capacitación” le costó 8.400 dólares más 20.212,50 pesos a la Municipalidad de Neuquén. José Luis Artaza, uno de los viajeros, aprovechará seguramente lo aprendido, en el Deliberante. El secretario de Modernización, Rubén Etcheverry, abundará en su acopio de conocimiento específico de cómo las ciudades se hacen más inteligentes, más allá del promedio intelectual de sus ciudadanos.

Los funcionarios partieron rumbo a Europa el 17 y regresaron el 23. Así está asentado en el decreto con el que el intendente Guillermo Monzani autorizó el pago del equivalente a 4.200 dólares más IVA para cada uno, en concepto de pasajes aéreos y alojamiento durante cinco noches, con desayuno, entrada al congreso, traslados y seguro médico incluidos. Del mismo modo, el jefe comunal le dio luz verde al pago de 10.106,25 pesos a cada uno, en concepto de viáticos por comisión fuera del territorio nacional. Todo muy encomiable para el Municipio más premiado, más exitoso, y mejor administrado del país.

Las decisiones políticas no son cuestionables, pues cada gobernante está en todo su derecho de concretar medidas como estas. Sí pueden ser criticables, como de hecho lo hacemos desde esta columna, desde un enfoque más preocupado por las realidades sociales que vive la capital, que vive la provincia. Un Estado que, sea o no la “mejor provincia”, conserva disparidades e injusticias sociales como cualquiera otra de las regiones del país, sólo que con más plata en la billetera. Plata que fue a parar -al menos 22 millones de pesos de ese Tesoro- a respaldar desde el Estado la competencia de Turismo Carretera. Todo el mundo está contento con estas cosas, no hay dudas. ¿Acaso hay algo más popular que el TC en Argentina?

Es posible que tanto entusiasmo por las ciudades inteligentes, podrá aplicarse a resolver, por ejemplo, el problema de las Tomas en el barrio Confluencia. Allí están trabajando los mediadores, porque lo cierto es que hay una gran cantidad de vecinos sin vivienda que se han propuesto tenerlas, y tenerlas en el barrio, en esos terrenos deshabitados que son del Municipio y que -sostienen- no se usan “para nada”, ni está previsto usarlos “para nada” en lo mediato. Hubo hasta una denuncia penal, que se presentó en la semana pasada, por daños humanos y pérdidas materiales sufridos por ciudadanos que también votan, y también tienen derecho a disfrutar de las mieles de la Vaca Muerta, como cualquiera.

Pero claro, la preocupación es saber si se sigue en el ministerio, o en la secretaría, o si habrá que meter violín en bolsa y buscarse otro techito para ampararse de la crudeza del clima patagónico.

Como para asegurar la placidez del proceso de transición que desembocará en los próximos gobiernos, hay conciliación obligatoria sobre esa Vaca Muerta que tan nerviosa se manifiesta en función de lo que podrá hacer o deshacer la próxima gestión de Alberto Fernández. Fue otro dislate increíble en esta Argentina tan parecida a Macondo y la saga de los realismos mágicos latinoamericanos. Una parodia, una puesta en escena: empresas que avisaron hasta el cansancio que mandarían telegramas; sindicatos que avisaron y recontra avisaron que harían un paro si le tocaban un pelito a cualquier trabajador; gobiernos que se hicieron los distraídos hasta último momento; todo para que se precipitara en una sola jornada, en la que se dispuso un paro que no se cumplió, con una conciliación obligatoria dictada antes de que hubiera paro, y el resultado que ya estaba dispuesto de antemano: correr las decisiones para después del 10 de diciembre, cuando ya Gustavo Lopetegui y Mauricio Macri sean historia, y esté en marcha nuevamente la onda nacional y popular.

Así, el Estado enrollado sobre sí mismo, el Estado autocomplaciente, espera el 10 con ansiedad superlativa; y fuera de ese mundo de bienestar, se espera el 10 con otra ansiedad parecida, para ver si algo mejora, si algo mejora de verdad, más allá, independientemente, de las definiciones que el propio Estado da sobre la satisfacción o insatisfacción de los ciudadanos.

Rubén Boggi

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