Por qué la Patria duele
. No lo dijo este 9 de julio del bicentenario el actual presidente Mauricio Macri. No. Lo dijo Néstor Kirchner, en 2007.
Cada tanto viene bien recurrir al archivo, sobre todo ahora que es tan fácil, para desnudar la fragilidad del pensamiento político coyuntural argentino. Ese que demoniza o angeliza en segundos, lo que después, tras los siglos, se convierte en fugaz ceniza, en liviandad inútil de la historia.
Nada cambiará para nuestro país el hecho de que Juan Carlos haya visitado (otra vez…) Argentina. El fragor militante que inundó las redes sociales, donde se plasman, más barato y rápido, las pintadas en los muros de otras épocas, no hizo más que acentuar una oportunidad para acusar al actual gobierno, socavar su legitimidad, y propender a ese golpismo de feria al que tan fácilmente se aferran quienes hace un rato nomás defendían ardorosamente el orden constitucional como valor supremo de la República en combate.
Estar a favor o en contra del gobierno de turno no es una cuestión que deba desbordar en dramatismos trágicos. Basta con señalar lo que (cada uno) ve que está mal, con obrar en la dirección que (cada uno) ve como la mejor, sin enrostrarle al otro, en este caso, el oficialista, que ha vendido su alma al demonio.
Desde aquella histórica movilización de octubre de 1945, que permitió encumbrar a Juan Domingo Perón y Eva Perón en el poder, para inaugurar el peronismo que aún se sostiene como “verdad” política en Argentina, nos hemos acostumbrado a que si hay algún otro gobierno que no responda a esa lógica, a esa forma, a ese camino, debe ser acusado por representar ese difuso concepto del “anti”: anti patria, anti popular, etc.
La independencia no fue declarada para esto. Apuntaba más bien a la unidad, a formar una nación. No es que nos falta independencia. Nos falta nación.
Por eso la Patria duele. Por eso somos ese dolor.
Rubén Boggi