El MPN, sobre la tapa de una olla con presión creciente

En política, la no confrontación, no existe. Puede pasar que se oculte, que se disimule, que se saque del primer plano de atención. Pero confrontación hay siempre. Está en la esencia de esta práctica inventada por el ser humano para organizar la dialéctica de la convivencia. Y es lo que distingue a la actual coyuntura. Hay una confrontación interesada, y a la vez, disimulada por el discurso. En concreto, se dice una cosa y se hace otra.

Desde el plano nacional, la jugada protagonizada entre Alberto Fernández-Cristina Kirchner y Horacio Rodríguez Larreta, con Axel Kicillof como invitado de piedra, beneficiado, es una muestra perfecta de cómo, en medio de la proclama acuerdista de la pandemia, se confronta por debajo, hasta que sale a la superficie una evidencia de esa confrontación que se había ocultado.

En el plano neuquino de las cosas, mientras Vaca Muerta se despereza entre conflictos y pujas (otra vez la dialéctica de la confrontación oculta-semioculta), y el gobierno de Omar Gutiérrez hace malabares para equilibrar los escenarios sanitarios y económicos de la crisis, se juega al mismo tiempo a la confrontación disfrazada. Se maquilla de tal modo que el lenguaje comienza a separarse del contexto. Bajo la lluvia de flores retóricas, hay en realidad una puja presente con visión de futuro, por el comando del partido que gobierna, y por cómo se encarará el proceso que garantice la continuidad del poder en manos del MPN, para aprovechar tanto tiempo de siembra petrolera, es decir, llegar al tiempo de la cosecha, que todavía no ha podido concretarse.

En esto es clave la relación MPN-Kirchnerismo. Porque se baila al compás de una danza confrontativa, con coreografía alternativa, a veces a cargo de Alberto, a veces de Cristina. El MPN tiene diálogo con los dos, y nexos con sus principales operadores. El ascenso a la cumbre de las primeras figuras de Darío Martínez, ha tendido un puente interesante para las aspiraciones emepenistas, pues el ex diputado y actual secretario de Energía es, en sí mismo, un representante del grupo capaz de poner una pata en cada campo, y entenderse tanto con el Presidente como con la Vice. Entonces, esta relación es clave, porque al mismo tiempo que se negocia para reactivar Vaca Muerta, y aprovechar el empuje que dará, también se confronta hacia el futuro, ya que la única amenaza que tendrá el MPN en el mediano plazo sólo puede provenir, al menos por lo que se ve ahora, desde el mismo kirchnerismo con el que tiene la obligación de acordar cuestiones de gestión.

Esta dialéctica de confrontaciones disimuladas, se da en el complicado contexto de la pandemia. Argentina pasó de ser el país que sonreía por su eficacia preventiva, al que comienza a evidenciar estadísticas deleznables. Lo mismo sucede en Neuquén, pues aquí se ha replicado la estrategia sanitaria nacional. El gobierno está en llamas con la situación, pues se le ha complicado severamente el panorama de disponibilidades de recursos en hospitales y clínicas del sistema. A la par, la cifra de contagios y muertes sigue alta, mucho más que hace un mes, más que hace dos meses, más que todos los meses que lleva la pandemia y cuarentena. Así, el gobierno de Gutiérrez inició un operativo clamor buscando la mayor responsabilidad ciudadana, y combinando esto con rigurosidad en controles y severidad en castigos, vía multas, o procesos judiciales. Pero, mientras tanto, la convicción es que habrá que soportar el latigazo de la naturaleza, admitir que hubo estrategias equivocadas, y empezar a resignarse a lo que comienza a asegurar un número creciente de científicos prestigiosos: la cuarentena masiva e indiscriminada no fue eficaz, y ya se está en la etapa de convivencia inevitable con el coronavirus. Le guste o no a los entusiastas sanitaristas argentinos, proclives a la utilización del autoritarismo como método.

Así, la combinación de factores no resueltos, la cobertura del lenguaje acuerdista por sobre las acciones confrontativas, es posible que derive en una etapa de mayor conflictividad a medida que se acerque el fin de este singularísimo año. Tenemos todos los billetes comprados para este gran sorteo de la lotería socio-económica: actividad productiva por el piso, salarios deteriorados por la inflación, pérdida de empleos, cierre de comercios, crisis inmobiliaria. Y un virus tocando timbre en nuestra casa. No es apocalíptico, sino apenas una enumeración de cuestiones innegables. Será muy raro que la política madure de golpe para encontrar consensos que permitan sortear obstáculos objetivos. Las señales, precisamente, van en sentido contrario.

Rubén Boggi

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