Neuquén: el día en que la espera terminó
Después de unos 30 años, nuevas familias recibieron sus escrituras, gracias a un programa que sostiene la Municipalidad de Neuquén
La emoción volvió a ganarle al protocolo. En un nuevo acto de entrega de escrituras y boletos de compraventa, 21 familias de la capital neuquina dieron un paso que para muchos puede parecer administrativo, pero que para ellas significa cerrar una espera de décadas y asegurar un patrimonio para las próximas generaciones. La regularización dominial es una realidad que se repite y se sostiene, tanto en Neuquén capital como en el resto de la provincia.
Desde el inicio de la gestión del intendente Mariano Gaido, la política de ordenar la situación de la tierra se transformó en uno de los ejes de gobierno. Lejos de quedar en un anuncio aislado, cada nueva entrega confirma la continuidad de un trabajo que alcanza a vecinos de distintos barrios y que comienza con la adjudicación formal del lote para culminar con la escritura definitiva.
Los números cuentan una parte de la historia; la otra la ponen los vecinos. Hay familias que esperaron entre 20 y 34 años para recibir el documento que acredita que la casa donde construyeron su vida les pertenece legalmente. Detrás de cada escritura hay años de incertidumbre que finalmente encuentran una respuesta concreta.
Las palabras de las vecinas Vilma Lavin y Natalia Meliqueo reflejaron ese sentimiento compartido. La posibilidad de dejar una vivienda regularizada para hijos y nietos, después de tantos años de perseverancia, transforma un trámite en un momento profundamente simbólico. La escritura no es solo un papel: representa tranquilidad, seguridad jurídica y la certeza de que el esfuerzo de toda una vida queda protegido.
En tiempos donde abundan los anuncios de corto plazo, es importante poner en valor las políticas públicas que perduran. La regularización dominial es una de ellas. Porque requiere continuidad, constancia y decisión política, y porque sus resultados no se miden únicamente en documentos entregados, sino en familias que finalmente pueden decir, con todas las garantías legales, que el lugar donde viven es definitivamente suyo.