Entre la obediencia y la rebelión, el MPN busca ganar tiempo

Más de cinco horas estuvieron el jueves los gobernadores hablando con el presidente Alberto Fernández. Al otro día, el mandatario encabezó la presentación de otra fase de cuarentena dentro de la pandemia de coronavirus, y se hizo cargo del costo político que llevará la imposición de nuevas y severas restricciones para la población en distintas zonas de provincias del país. Entre ellas, Neuquén, que contó con su gobernador, Omar Gutiérrez, presente en la transmisión presidencial realizada desde Olivos, el viernes.

La situación es difícil para los gobiernos, y mucho más para los ciudadanos. Entre la obediencia y la rebelión civil, entre quienes pedían a gritos una mayor restricción y cuidado obligatorio ante la disparada de contagios y muertes; y quienes abogaban por una mayor libertad, la vuelta de las clases, y dar un giro en la política sanitaria aplicada desde marzo, se formó un movimiento de pinzas que comenzó a apretar partes sensibles del gran organismo gubernamental. Difícil es decidir bajo presión, sobre todo cuando esa presión es ejercida tanto por tirios como por troyanos. De ahí que se llegó a un acuerdo con el gobierno nacional, uno más. Por un lado, la decisión de extensión de la cuarentena en todo el país, salvo distritos con baja cantidad de contagios; por el otro, asistencia financiera permanente; y, además, no frenar la reactivación económica, sino todo lo contrario.

Todo esto es más fácil decirlo que hacerlo. En lo que hace a Neuquén, la cuestión de la reactivación es tan necesaria como bajar la cantidad de contagios y aliviar el sistema de salud. Por eso, Vaca Muerta se mantendrá en movimiento, sin que sea afectada por la restricción que regirá hasta el 25 de octubre. Todo lo que se pueda encasillar como “productivo”, no será tocado. En paralelo, el gobierno de Gutiérrez volvió a extender el plazo de negociación por la deuda en dólares, ya que el plazo anterior venció el viernes. Estas dos cosas, Vaca Muerta reactivada y negociación de la deuda para diferir vencimientos y recomponer el panorama financiero, son imprescindibles, y acompañan el esfuerzo sanitario que se le impondrá a la población por otros 14 días.

En lo sanitario, todo girará alrededor de un concepto: la “burbuja familiar”. En buen romance, significa que se le pedirá a los neuquinos que compartan dos semanas con sus familias, sus convivientes; trabajando, preferentemente, en casa; moviendo solo lo imprescindible; desalentando cualquier posibilidad de reunión o encuentro social con más gente; circulando lo mínimo. En definitiva, será, lo que vendrá a partir del martes, una extensión del actual fin de semana, considerado “satisfactorio” por el gobierno en cuanto a los resultados de la restricción de circulación en vehículos solo a los “esenciales”.

El contexto en el que ocurre esto, no es el más tranquilo, obviamente. No se niega el fracaso, en términos generales, de la política elegida en la pandemia por Argentina. Es innegable ese fracaso a la luz de los tremendos números de la estadística sanitaria, y los no menos tremendos de la estadística económica. A Neuquén, este 2020 de la peste la ha conmovido hasta los cimientos. El sistema de salud se resquebrajó ante la fuerte demanda; fue emparchado una y otra vez, reforzado, ayudado, pero el recurso humano, la base del sistema, está extenuado. Hay unos 560 contagiados dentro del plantel de profesionales, que no pueden reemplazarse. Los días hasta el 25 se contarán como una “ganancia de tiempo” para que los hospitales encuentren algo de alivio. Al menos, esa es la teoría, pues, en rigor, no se sabe si servirá o no el aislamiento y la restricción para generar menos demanda al sistema de salud.

Por otra parte, habrá que observar cómo mueven sus fichas los opositores a los actuales oficialismos. La situación nacional hace que los distintos oficialismos se confundan en uno solo, a la hora de dar prioridad a la pandemia por sobre todas las cosas, sin que esto implique eliminar sus diferencias; y que los opositores también encuentren razones de unificación estratégica, aunque parezcan incapaces de suprimir sus diferencias. El riesgo es que la ciudadanía comienza a cansarse tanto de unos como de otros. Porque se ve que, más allá de la actitud política y la confesión ideológica, nada se soluciona. La crisis económica trepa escalones hacia la desesperanza, tan rápido como el número de contagiados hace que quien más, quien menos, vea al virus cada vez más cerca, cada vez más amenazante.

El gobierno neuquino, en este contexto, busca mantener su crédito abierto entre la ciudadanía. Por eso ha hecho equilibrio, todo el tiempo, entre los vanguardistas de las restricciones extremas y los talibanes de la libertad a ultranza. Octubre puede ser el mes clave para empezar a ver un poco más de luz, si la paciencia ciudadana se extiende tanto como la cuarentena.

Rubén Boggi

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