Gestión y prioridades detrás de la baja del delito
La administración Figueroa logró revertir la penosa situación que había heredado en materia de Seguridad. Falta, pero el camino es el correcto
La planificación, las cuentas en orden y la eliminación de gastos innecesarios son ejes medulares de una estrategia concreta. Y es precisamente ese trípode el que le permitió al gobernador Rolando Figueroa mostrar resultados favorables no sólo en Educación y Salud, sino también en un terreno tan complejo como el de la Seguridad. Las estadísticas que se difundieron hace apenas un puñado de días lo confirman; aunque por razones obvias es un área que no amerita estridencias, sino cautela a la hora de comunicarlas.
En diciembre de 2023, la nueva gestión recibió un sistema de seguridad que estaba lisa y llanamente colapsado. La decisión de Omar Gutiérrez de degradar el área de ministerio a secretaría había impactado de lleno en el presupuesto y en la capacidad operativa. El deterioro venía de arrastre, desde los tiempos de la entonces ministra, Vanina Merlo y se profundizó bajo la conducción de Marianina Domínguez, cuando el retroceso de la presencia policial en las calles se volvió peligrosamente evidente, sobre todo en la capital neuquina.
Ese repliegue estatal fue terreno fértil para el avance del delito. Figueroa asumió con el diagnóstico claro: la herencia era pesada y en seguridad lo era aún más. Por eso diseñó un programa de inversiones sostenido, que sólo fue posible a partir de un reordenamiento de prioridades y de una política de austeridad que liberó recursos para lo esencial.
La estrategia incluyó móviles, chalecos, armamento, incorporación de personal y capacitaciones. En paralelo, se dio una depuración interna que expulsó a efectivos involucrados en indisciplinas y delitos (y que estuvo atada a la purga de ñoquis e indignos que se propagó y se propaga por cada una de las áreas del Estado). Pero el giro más fuerte fue asumir la lucha contra el micro tráfico de drogas, una tarea que antes recaía en la Justicia Federal y que, en la práctica, quedaba desbordada. Desde entonces, allanamientos, demoliciones de aguantaderos y secuestro de bienes se volvieron parte del paisaje cotidiano. Hoy, en Neuquén, las camionetas que se les secuestran a los narcos se ponen al servicio de la Policía.
Hubo y hay una planificación, disciplina fiscal y decisiones políticas que priorizaron la seguridad. Los resultados no tardaron en reflejarse en los números. Según el informe oficial, el total de delitos en Neuquén cayó un 30 por ciento en 2025 respecto de 2024 y se consolidó la tendencia que se había iniciado en el primer año de gobierno de Figueroa.
Los delitos contra la propiedad bajaron un 33 por ciento, los cometidos contra las personas un 15, contra la libertad un 34 y los delitos sexuales un 2 por ciento. Sin embargo, no hay lugar para el triunfalismo. Cada delito es un drama, cada víctima encierra una historia de angustia que ninguna estadística puede borrar. Lo que sí muestran los datos es que la provincia logró empezar a dar vuelta una página oscura, gracias a una gestión que eligió ordenar las cuentas, fijar prioridades y desterrar el despilfarro. En política pública, como en la vida, no hay resultados sin método. Y el método da resultados.