El secreto del éxito del sistema de salud neuquino

Lo que recibió en estado crítico hoy muestra signos de fortaleza: la calidad de atención convirtió al sistema público en la principal elección de los neuquinos

El secreto del éxito del sistema de salud neuquino

Cuando asumió el gobierno de Rolando Figueroa, encontró exactamente lo que sabía que iba a encontrar: un sistema público de salud en terapia intensiva. Años de desinversión, falta de planificación, escasez de insumos y una infraestructura deteriorada habían dejado a uno de los pilares esenciales del Estado en una situación crítica. Pero junto con ese diagnóstico certero, también llegó con una decisión política clara: aplicar el tratamiento necesario para recuperar un sistema vital para miles de neuquinos.

La estrategia no tardó en ponerse en marcha. La gestión provincial avanzó con inversiones en infraestructura sanitaria, incorporación de personal, ampliación de servicios e inauguración de nuevos centros de salud en distintos puntos de la provincia. Al mismo tiempo, resolvió uno de los déficits más sensibles que arrastraba el sistema: garantizar la provisión regular de medicamentos, reactivos de laboratorio e insumos médicos, elementos indispensables para que hospitales y centros asistenciales pudieran volver a funcionar con previsibilidad y eficacia.

Los resultados hablan por sí solos. Hoy, el sistema público de salud atiende a 500.839 personas, lo que representa al 72 por ciento de la población neuquina. El dato, revelado por el ministro de Salud, Martín Regueiro, no sólo marca un récord histórico, sino que refleja un fenómeno profundo: cada vez más ciudadanos eligen atenderse en el sistema estatal porque encuentran respuestas concretas, acceso a prestaciones y una calidad asistencial que ha logrado ubicarse por encima de muchas opciones del sector privado.

Ese crecimiento no es casual ni automático. Es consecuencia directa de una política pública que entendió que la salud no podía seguir funcionando a base de parches. Más turnos, más consultas, más estudios, más vacunación y mayor cobertura farmacológica son indicadores de un sistema que se expande para acompañar una provincia que también crece aceleradamente, impulsada por la migración interna y por el dinamismo económico que convirtió a Neuquén en uno de los principales polos de desarrollo del país.

Claro que ese éxito trae nuevos desafíos. La mayor demanda tensiona la estructura sanitaria y obliga a sostener el ritmo de inversión para evitar cuellos de botella. Pero esa presión es, en realidad, la mejor prueba de que el camino elegido fue correcto: cuando un servicio mejora, la población lo utiliza. Cuando el Estado responde, la comunidad confía. Y cuando esa confianza se consolida, el sistema público deja de ser la última opción para convertirse en la primera.

Neuquén demuestra así que la reconstrucción del Estado también puede medirse en bienestar cotidiano. Lo que durante la gestión de Omar Gutiérrez fue un sistema de salud colapsado, hoy es una red sanitaria fortalecida, elegida masivamente y en constante crecimiento. No hubo magia ni improvisación: hubo diagnóstico, planificación y gestión. En un país donde muchas veces la salud pública sobrevive con dificultad, la provincia ha demostrado que, con decisión política y administración eficiente, también puede convertirse en un orgullo colectivo.

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