Dos modelos contrapuestos: ajuste o desarrollo

El gobierno nacional congela la obra pública, pero Neuquén mantiene su plan de pavimentación de 600 kilómetros y apuesta a la producción y al turismo

Dos modelos contrapuestos: ajuste o desarrollo

El Presupuesto Nacional 2026 vuelve a poner en blanco sobre negro una realidad que en Neuquén ya se palpa desde hace tiempo: la Nación se retira de la obra pública y la provincia queda a cargo de sostener, con recursos propios, el entramado vial que garantiza la seguridad y la producción. Si se aprueba el proyecto tal como lo envió el Ejecutivo de Javier Milei, no habrá nuevas rutas financiadas con fondos nacionales. Apenas mantenimiento, algunas refacciones y promesas de papeles. Nada más.

La decisión no sorprende. Apenas llegó a la Casa Rosada, Milei paralizó todas las obras en marcha en las provincias y decretó la disolución de Vialidad Nacional, un organismo clave que sólo sobrevivió gracias a la presión del Senado. El resultado es un país con la infraestructura en pausa, donde cada distrito debe arreglárselas como pueda. En Neuquén, esa brecha se cubrió con un plan de austeridad y eficiencia que Rolando Figueroa impulsó desde el inicio de su mandato.

Las cuentas claras y el cuidado extremo de los recursos del Estado, permitieron reorganizar las partidas presupuestarias y encarar las obras que la población necesitaba.

Las diferencias

Con gastos recortados y prioridades redefinidas, el gobernador avanzó con un programa vial que no se limita a sumar kilómetros de asfalto, sino que busca garantizar la conectividad de la producción energética y el turismo.

El contraste con los números de la Nación es elocuente. El presupuesto nacional 2026 contempla para Neuquén 1.547.187 millones de pesos. Pero la cifra es engañosa: casi todo ese dinero se destina a gastos corrientes. Para inversión real, el margen es prácticamente nulo. Tal es así que lo poco asignado a infraestructura se concentra en tres proyectos de mantenimiento sobre la red nacional, una refacción en el Paso Samoré y un sistema de agua potable en Junín. Obras necesarias, sí, pero insuficientes.

Vialidad Nacional sólo contempla tres proyectos de mantenimiento y conservación en la red vial de Neuquén para 2026: RN 242 (tramo Las Lajas - Paso Pino Hachado); RN 237 (tramo Alicurá - A. Limay Chico) y mantenimiento de rutina por sistema modular en las RN 237 y 40. Nada más que eso.

Las inversiones

Mientras tanto, Neuquén se mueve. Con más de 2.000 millones de pesos ya comprometidos en nuevas licitaciones, la provincia avanza sobre rutas estratégicas: la N7, que conecta Vaca Muerta con la Confluencia; la 46, con su desafiante cuesta del Rahue; la 21, en el corredor cordillerano; y la 61, vital para el turismo en la región del Parque Nacional Lanín. Esas obras no sólo se financian con recursos locales, sino también con créditos de organismos internacionales que confían en la administración provincial.

El fortalecimiento de Vialidad Provincial es otra señal clara. Figueroa convocó a concursos internos para cubrir vacantes y puso en marcha un plan de pavimentación de 600 kilómetros. A eso se suma la compra de maquinaria por más de 8.400 millones de pesos. La inversión no es un lujo, sino una apuesta a largo plazo: sin cuadros técnicos, sin equipos propios y sin planificación, cualquier estrategia de desarrollo quedaría en palabras.

La conclusión es evidente. Nación mira hacia otro lado y se concentra en su ajuste, mientras Neuquén decide invertir donde más se necesita. Lo que en Buenos Aires se presenta como gasto, aquí se traduce en futuro. Y ese contraste no sólo revela dos modelos de gestión distintos, sino también dos concepciones de país: una que se repliega y otra que, a pesar de las dificultades, busca abrir caminos. Literalmente.

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