El esfuerzo de la sociedad vs la sinrazón de unos pocos

El esfuerzo de la sociedad vs la sinrazón de unos pocos

El presente de la Educación neuquina remite a las dos muecas del teatro: el drama y la comedia. Es que mientras el Estado y la sociedad se empeñan en sumar acciones, logros y elementos para mejorar la calidad de enseñanza; el sindicalismo se obstina en dejar sin clases a los alumnos, aunque (como se verá) no tenga motivos válidos -ni siquiera atendibles- para hacerlo.

La lista de avances es extensa: se reforzaron las inversiones en mantenimiento edilicio, se realizaron obras, se incrementaron las partidas para comedores, se les garantizó a los maestros el incremento salarial según las variaciones del Indice de Precios al Consumidor (IPC), se les siguió pagando el Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid) que borró de un plumazo el gobierno de Javier Milei, y se pusieron en marcha las becas Gregorio Alvarez para garantizar la formación de los alumnos del jardín (o Inicial) hasta el superior.

Son muchas (y hay más). Todas requieren del esfuerzo de la comunidad en su conjunto, porque los sueldos de los docentes y de los dirigentes del sindicato ATEN (empleados públicos con licencia gremial), salen del Estado. Pero es en las becas donde se ve con absoluta claridad el esfuerzo en conjunto, al que los gremialistas parecen mirar con desdén. Y es aquí donde aquello del esfuerzo de la sociedad vs la sinrazón de unos pocos, se manifiesta con absoluta nitidez.

Las becas son financiadas por empresas de los sectores gasífero y petrolero que operan en Vaca Muerta. El gobierno, que asumió hace apenas siete meses, las convenció de que debían respaldar de manera directa a los escolares y así lo hicieron. El Estado puso su estructura para garantizar que llegaran literalmente a cada pueblo y localidad (ya que se propende a la distribución equitativa) y la sociedad, los vecinos, hicieron el resto.

En ese trabajo en equipo -nunca mejor expresado el concepto- surgió una historia que vino a conjugar todo aquello y que intentaremos resumir a continuación. Adolfo Dinamarca, es un integrante de la comunidad Millain Currical que se calzó bajo el brazo unas 90 inscripciones para el programa de becas, se subió a un colectivo en Loncopué (a 40 kilómetros de aquel paraje) y vino a Neuquén con las fichas: acá están las fichas, dijo feliz. Y en verdad no era para menos. El futuro, la igualdad y las ganas de progresar llegaron depositadas en ellas.

Las fichas correspondían (y corresponden) a chicos del jardín, la primaria y la media de las escuelas 110 de Pichaihue, 6 de Huncal, 330 de Trahuncura y del anexo del CPEM 98. A Dinamarca lo ayudaron su compañera y un juez de Paz, que dio fe de las firmas de las declaraciones juradas, en Cajón Chico (primero) y en Portezuelo (después).

Pedro Sobarco se llama el juez de Paz de Añelo que no dudó en sumarse a la cruzada ¿Qué hacía en Loncopupé? una subrogancia, es decir reemplazaba a un colega (por algún motivo o razón sobre el que no viene al caso indagar, ya que se trata de una situación habitual en el ámbito de la Justicia). El magistrado se instaló en una posta sanitaria y le dio curso al asunto. Esta feliz historia terminó con todos los chicos y adolescentes de la comunidad, becados. Se hizo justicia (con todas las letras).

La contracara. Es decir, la mueca triste la impulsa y aporta la dirigencia sindical de ATEN, que se encuentra empecinada en una seguidilla de paros contra una ley que no hace otra cosa más que beneficiar a los docentes que cumplen con algo tan básico como presentarse a trabajar. El asunto es claro: con el IPC, el Fonid y otras cuestiones garantizadas, la dirigencia gremial buscó excusas, no las encontró y de todos modos dispuso una medida extrema con la que les arrebató días de clases a los alumnos y estudiantes. El gremio está empecinado en una puja política, en la que no sólo tiene de rehenes a los alumnos, sino también a los maestros que quieren trabajar.

La ley contra la que hicieron paro (y harán más paros en las semanas que vienen) estableció el pago de un incentivo, plus o adicional del 15% a los docentes que no superen las tres inasistencias justificadas por trimestre (incluidas dos por mes). No hay castigos, porque a los faltadores no les tocan ni un centavo del sueldo. Es tan sólo un premio, más simple imposible. Pero el gremio se opuso, lanzó medidas extremas y la sociedad se vio perjudicada. 

En respuesta, el Consejo Provincial de Educación (CPE) habilitó un registro para que aquellos que quieran renunciar al incentivo lo hagan. En la mañana de este sábado se cumplieron las primeras 24 horas y apenas se habían anotado 9 de 27.473 docentes. Tan contundente es la diferencia que no amerita comentario.

En definitiva, la comunidad aquella de los 90 chicos becados está feliz por el esfuerzo realizado. Mientras los gremialistas hablan de una supuesta “lucha” que, en realidad, no tiene razón de ser. 

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