El peronismo se debe una renovación para la que ya no tiene tiempo
No construyó nuevos cuadros en Neuquén y se alió con Libres del Sur. Calzarse el traje de candidato a senador es, hoy en día, ponerle el pecho a una eventual derrota
La detención domiciliaria de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, es un hecho que seguramente tendrá su influencia en los comicios de octubre próximo, en virtud de las causas que la llevaron a esa situación procesal. No obstante, el peronismo neuquino tiene sus propios problemas y uno de ellos es la ausencia de referentes capaces de capitalizar lo que en el sector progresista del electorado se subraya como los desaciertos de Javier Milei. El desfinanciamiento de las universidades es uno de ellos; y el freno a la suba de las jubilaciones (hoy de miseria) es otro, entre tantos.
En todo este tiempo, el peronismo neuquino no ha sido capaz de generar nuevos cuadros. Por el contrario, se ha caracterizado por las mezquindades y la acumulación de cargos en los mismos dirigentes de siempre. Los rostros se repiten una y otra vez. Los apellidos también. Tanto que en la foto inaugural de Fuerza Patria (nueva denominación del PJ-K) prácticamente no se observan jóvenes. Peor aún, se notan las ausencias de aquellos que eligieron otros rumbos.
Hoy las encuestas no le asignan, al peronismo neuquino, ninguna chance de pelear por la victoria en las legislativas, por lo que se da por acreditado que muy probablemente las bancas que se ponen en juego en la provincia (tres para el Senado y otras tres para la Cámara de Diputados) se las disputen entre La Neuquinidad (frente que conduce el gobernador Rolando Figueroa) y La Libertad Avanza. Quizá, el PJ-K podría aspirar a la tercera banca en diputados, quién sabe. Por lo pronto se da por seguro que perderá las dos que tiene en el Senado y que ocupan Oscar Parrilli y Silvia Sapag. Salvo que cambie el panorama, hoy calzarse el traje de candidato a senador por ese espacio es algo así como ponerle el rostro a una eventual derrota. Y habrá que ver quienes se animan. Por lo pronto, el diputado provincial Darío Martínez ya declinó y renunció, incluso a la presidencia del PJ, en medio de una debacle de proporciones pocas veces vistas.
Parrilli y Sapag impulsaron lo que, hace apenas unos pocos días, fue el lanzamiento de Fuerza Patria. Ahí estuvieron la flamante presidenta del PJ, María Elena Paladino; el presidente del Partido Solidario, Juan Celi; la presidenta del Frente y la Participación Neuquina, Teresa Rioseco (hermana del intendente de Cutral Co, Ramón Rioseco) y el presidente de Libres del Sur, Jesús Escobar (abonado a cuanta candidatura ande dando vueltas por ahí, al igual que su compañera de ruta, Mercedes Lamarca). Del mismo modo, cantaron presente el diputado nacional, Pablo Todero; y -entre otros- los diputados provinciales Darío Peralta (hoy embarcado en una lastimosa parodia del asado, que lo muestra como inconsciente del drama partidario) y Lorena Parrilli. No estuvo Darío Martínez.
La presencia de Libres del Sur en ese armado no es sencilla de digerir para la militancia peronista, aunque la dirigencia sabe muy bien cómo disimular tamaña incomodidad. A Lamarca le cuestionan haberse embarcado en una aventura electoral con el referente del PRO, Marcelo Bermúdez (cuando éste fue candidato a intendente de Neuquén) y a Escobar le reprochan haber despotricado de manera enfática contra Cristina, cuando fue precandidato a presidente de la Nación y no logró el mínimo de votos necesarios para superar la instancia de las Paso. Escobar había sido diputado provincial gracias a una colectora que fue colgada de la lista peronista, y hay quienes no olvidan lo que consideran una traición. Pero, en fin, ya hace rato que corren tiempos en los que esas cuestiones simplemente prescriben.
Sin el manejo de los organismos nacionales desde los que respaldaban las campañas en los tiempos de Néstor, Cristina y Alberto Fernández y sin rostros nuevos para mostrar, la cruzada del PJ orgánico parece poco menos que imposible. Máxime porque, además, ha padecido estruendosos portazos.
Primero, un grupo importante de dirigentes se sumó a La Neuquinidad (otrora Neuquinizate). Esos son los casos de Soledad Martínez (Frente Grande), Marcelo Zúñiga (Movimiento Evita) y Tanya Bertoldi (PJ), pero hay mucho más. Luego se fue el conductor de ATE, Carlos Quintriqueo, quien irá a la contienda de octubre con su propio partido (Más por Neuquén) y más acá en el tiempo se fue el ex diputado provincial Raúl Dobrusín (Unidad Popular), quien cuando se enteró de que los candidatos se elegirían en Buenos Aires dijo hasta aquí llegué.
Está claro que el peronismo se debe a sí mismo una renovación generacional para la que ahora no tiene tiempo, ya que faltan menos de tres meses para las elecciones. Durante años, las prioridades de los dirigentes fueron sus propias candidaturas; y tal es el nivel de desgaste que hasta se duda si serviría de algo que, a esta altura, se improvise con alguien nuevo. De ser así ¿Quién le levantaría mano?