¿Qué hacer con el basural? La cuestión de Cipolletti
La recolección y disposición final de residuos que tiene -o, en realidad, padece- Cipolletti no se corresponde con el crecimiento que ha tenido esta ciudad rionegrina ni, mucho menos, con los conceptos que imperan en materia de aprovechamiento de las oportunidades y cuidado ambiental.
La situación ambiental no resiste el menor análisis, en virtud de que a la vista y al olfato está. El daño es evidente. Inocultable. Los aromas pestilentes se perciben (se sufren) a la distancia; y los incendios -tan intencionales como difíciles de controlar- complican aún más la situación, para llevarla a límites poco menos de inadmisibles ¡Hagan algo! Es la súplica.
Hagan algo. Pero el asunto es qué. Cercarlo o saturarlo de vigiladores no parecen opciones razonables, debido a las dimensiones y las vías de acceso al desagradable mega montículo de desperdicios y desechos, que contaminan todo a su alance.
El sistema, en manos del Estado municipal, se aproxima al colapso. Y no se observan márgenes para garantizar acciones tan lógicas como necesarias, como la separación (entre residuos secos y húmedos) y el reciclado a gran escala y -por supuesto- en condiciones de trabajo dignas, para el aprovechamiento y la generación de recursos. Hoy es escenario de dolorosas realidades que deben abordarse con celeridad.
Desde ese punto de vista (y también desde el metafórico), podría decirse que Cipolletti esconde la basura bajo la alfombra. Y, para el pesar de sus habitantes, ve cómo los servicios de recolección y disposición final funcionan en su vecina, Neuquén. La comunidad cipoleña espera soluciones que estén a la altura de los tiempos que corren. Mejorar el servicio estatal -pleno de vicios y recetas vencidas-, es una posibilidad. Privatizarlo, a un costo razonable y poner en marcha un sistema moderno que garantice la generación de puestos de trabajo, la generación de recursos y el cuidado ambiental es otra. Ese es, precisamente, el debate que debe darse.