Nación anuncia migración interna, pero es mezquina con Neuquén

Pronostica que cuatro millones de personas dejarán el AMBA para radicarse en las provincias productivas. Neuquén es destino, pero no recibe obras

Nación anuncia migración interna, pero es mezquina con Neuquén

Hay bastante de paradójico en el diagnóstico que acaba de formular el Gobierno nacional. Mientras Javier Milei y sus funcionarios hablan de una transformación económica y demográfica que llevará a millones de argentinos desde el Área Metropolitana de Buenos Aires hacia las provincias productivas, esas mismas provincias son las que hoy afrontan solas el costo de crecer.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, planteó ante el británico Financial Times una hipótesis que, si se cumple, modificará el mapa poblacional argentino: cerca de cuatro millones de personas podrían abandonar la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense para buscar oportunidades en el interior. Unos dos millones tendrían como destino la Patagonia petrolera y gasífera, con Vaca Muerta como gran polo de atracción, mientras que otros dos millones mirarían hacia las provincias del norte impulsadas por el desarrollo minero.

El diagnóstico es contundente. También lo es la contradicción. Si Nación sabe que millones de argentinos van a migrar hacia las provincias que generan riqueza, ¿Por qué mantiene su postura mezquina justamente cuando más necesitan infraestructura, viviendas, escuelas, hospitales, rutas y servicios?

La parálisis de la obra pública en el interior del país es el resultado de la política de “déficit cero” y del freno casi total de los fondos nacionales que impuso la administración libertaria. Las rutas nacionales se deterioran, pero Vialidad Nacional ya es una estructura espectral; mientras que el PAMI yace en terapia intensiva y sus afiliados son asistidos en los hospitales públicos provinciales.

El contraste se vuelve todavía más evidente cuando se observa qué ocurre con los recursos que Nación recauda. El impuesto a los combustibles aumentó fuertemente desde el cambio de gestión y, según el Instituto Argentina Grande (IAG), su recaudación creció un 1.387 por ciento y en 2025 fue 91 por ciento superior en términos reales a la de 2023. Sin embargo, esos fondos no están llegando a Neuquén, al menos no en los porcentajes que corresponden. Nación recauda, pero no reparte.

Neuquén es, probablemente, el caso paradigmático de esta contradicción. La provincia recibe todos los meses -podría decirse, todos los días- a familias enteras que llegan atraídas por las oportunidades que genera su economía. Y no se trata de una expectativa abstracta: Neuquén encabeza buena parte de los indicadores económicos de todo el país. Genera empleo privado, incrementa las ventas en supermercados, crea nuevas Pymes, atrae inversiones y fortalece un nivel de actividad que la ubica entre las economías más dinámicas del país; en rigor, la más dinámica.

El problema es que crecer cuesta. Cada familia que llega necesita una escuela para sus hijos, atención sanitaria, una vivienda, calles, rutas, transporte, seguridad, agua, cloacas y servicios. Y frente a ese desafío, Neuquén no esperó que alguien viniera a resolverlo. Ya desde el minuto uno y al comprender lo que vendría, la administración de Rolando Figueroa decidió planificar el crecimiento y poner recursos propios para ubicar a la provincia en el liderazgo nacional.

Por eso la provincia construye escuelas, amplía hospitales, ejecuta caminos, fortalece la seguridad, desarrolla planes de vivienda y multiplica las obras que necesita una sociedad que crece a una velocidad que pocas jurisdicciones pueden igualar ¿Cómo lo hace? Con los dividendos de Vaca Muerta que ella misma generó: la provincia logró que produzca más para poder invertir en obras.

Hay otro componente que explica por qué Neuquén puede sostener semejante esfuerzo: mientras invierte con acciones en el presente y traza la mirada en el futuro (exportador de GNL a gran escala), Figueroa también ordenó hacia adentro. La tolerancia cero frente a la corrupción, el fin de privilegios, la eliminación de gastos innecesarios y una administración austera forman parte de una decisión política, que cuenta con amplio respaldo social.

La paradoja nacional, entonces, es difícil de ignorar. Nación anticipa una migración histórica hacia las provincias que producen energía, alimentos y minerales. Pero esas mismas provincias tienen que construir las condiciones para recibir a quienes llegarán sin contar con el acompañamiento proporcional del Estado nacional. Neuquén construye su destino, pero hay un hecho que no es menor: aquí, las prioridades son para los neuquinos, por lo que la realidad no es precisamente sencilla para los que llegan.

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