Un ejemplo de humildad para todo el mundo

De entrada, el Papa Francisco rechazó los lujos. Luego se ocupó de cambiar el ritual de los funerales

Un ejemplo de humildad para todo el mundo

Las primeras señales del cambio de rumbo que el Papa Francisco, quien lamentablemente falleció este lunes, le imprimiría a la Iglesia Católica empezaron el mismo día en que se asumió, en 2013. Cuando lo revestían de blanco para luego aparecer desde el balcón de la basílica de San Pedro rechazó ponerse los zapatos rojos y la capa también roja que llega hasta los hombros.

Con el paso de los días se conocería que había rechazado vivir en los aposentos papales, pero no porque consideraban que eran lujosos, sino porque creía que quedaría muy aislado. Optó por la residencia Santa Marta, el hotel del Vaticano, donde se alojan los clérigos, siempre muy concurrida y con un amplio comedor. Rechazó una limusina y eligió un auto sencillo. Por si quedaban dudas, a presentarse ante los periodistas luciendo sus zapatos negros exclamó: “Cómo anhelo una Iglesia pobre para los pobres”.

También simplificó el ritual de los funerales pontificios. Lo hizo en noviembre último cuando eliminó la tradición de los tres ataúdes, el catafalco, el báculo papal o el título por el cual será llamado e impuso expresiones más sencillas como “Obispo de Roma” o “Pastor”.

Aquel mes, el maestro de las Celebraciones Litúrgicas de los Pontífices, arzobispo Diego Ravelli, destacó que el Santo Padre “pidió simplificar y adaptar algunos ritos para que la celebración de las exequias del Obispo de Roma expresara mejor la fe de la Iglesia en Cristo resucitado”. En concreto, el deseo de Bergoglio era que el nuevo rito subrayara “aún más que el funeral del Romano Pontífice es el de un pastor y discípulo de Cristo y no el de un poderoso hombre de este mundo”.

Una de las principales novedades es la introducción de las indicaciones necesarias para una inhumación en un lugar distinto de la basílica vaticana, que el sumo pontífice ordenó ser enterrado en la basílica de Santa María la Mayor de Roma.

Se mantienen las llamadas tres estaciones que preceden al ritual de exequias, es decir, los pasos que deben darse tras la muerte de un Pontífice, aunque en la primera de ellas se indica que la constatación de la muerte se realizará en su capilla privada, en lugar de en la habitación donde falleció e inmediatamente el cuerpo se depositará en el único ataúd de madera con el interior de zinc, antes de ser trasladado directamente a la basílica.

Anteriormente, el cuerpo del Papa se trasladaba a la capilla del Palacio Apostólico, ya que allí residía el pontífice, pero Francisco vivía en la residencia de la Casa Santa Marta, por lo que se eliminó este paso. En la basílica vaticana, el cuerpo del Papa se expondrá directamente en el féretro abierto para la veneración de los fieles, pero no en un catafalco -el armazón recubierto de vestiduras que se coloca en la Iglesia para unas exequias solemnes- como había sido hasta ahora y tampoco se colocará el báculo papal junto al féretro durante esta exposición.

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