El viejo médico
No le aquejaban tanto sus achaques (corazón, diabetes y derivaciones...), sino el trato que está recibiendo, de gente en la que él confiaba. Estos son los dolores más fuertes, pensé al verlo tan caído.
Es que este viejo médico, cirujano, consejero, solidario y amigo de todo aquel que lo necesita, tuvo que ir a la Fundación Favaloro a reparar su cansado corazón. Le costó mucho viajar, porque quienes tenían que firmar la derivación, fueron muy lerdos. Una vez allá, lo intervinieron como estaba programado, pero hubo algunas consecuencias inesperadas, que llevaron a una internación de tres días, a una estada de 27 jornadas. Muy bien atendido, me dijo.
Pero las respuestas no las encontró fuera de aquella institución. Fueron sus paisanos, los que lo desatendieron. Para retornar a Neuquén, debía hacerlo en un avión sanitario, controlado por un médico. Días y días llamando a Neuquén, para lograr el servicio. Nadie respondió.
Solo el ex gobernador (Jorge) Sobisch, hizo alguna gestión ante el gobierno, pero no le dieron bolilla. Es que Sobisch "ya fue" para el actual funcionariado neuquino. Unos años antes le besaban las manos. También a mi viejo médico.
Fue el párroco de la iglesia local, Carlos, el que logró conmover a un ministro para que un avión que estaba en Buenos Aires en reparación trajera el paciente. ¡Pasaron 17 días...! Hoy mi médico se está recuperando de sus enfermedades, pero su espíritu está muy dolido.
No soporta las ingratitudes y menos la actitud insolidaria de funcionarios públicos. "Si me lo hacen a mí, que conozco a tantos, como será para con un pobre gaucho...", me dice despacio y con gesto de bronca.
El protagonista de esta historia triste y que enoja, es Salvador Nogara, Pichón o Puchero. Nuestro sobreviviente médico de pueblo. El que atiende a todos los que van a verlo, sobre todo a los viejos y a los que nada tienen y además de la consulta y el consejo clínico se llevan remedios y lo que necesiten.
El que sigue viviendo en su casa de Barrio Nuevo, al lado del Fonavi, el que era socio del otrora fuerte policlínico Neuquén, el que atendía a los gobernadores, ministros e intendentes, algunos en situaciones críticas, comprometidas.
Pero Pichón se puso viejo, y sabemos cómo esta sociedad materialista trata a los viejos.
Escribo con rebeldía e intento gritar a la sociedad que le demos contenido humano a la existencia; que lo material es efímero y enfermante, que lo que gratifica son los buenos gestos, que lo que alimenta el espíritu es la solidaridad y el acompañamiento al que necesita, no importando si es rico, pobre, joven o viejo.
Volveré a ver a Pichón, a mi viejo médico, que hoy necesita de un apoyo espiritual, como el que nos dio tantas veces, a tantos hombres y mujeres de esta provincia....
Ricardo Villar
(De su página de Facebook).