Neuquén planifica el desarrollo y cómo defenderlo
Gobernar no consiste únicamente en promover inversiones o ejecutar obras. También implica prever los riesgos que acompañan al crecimiento y actuar antes de que los problemas se vuelvan irreversibles. En esa dirección, Neuquén está demostrando que hace los deberes completos: mientras construye el futuro de la provincia, también diseña la estrategia para protegerlo.
La primera prueba fue la lucha contra el narcomenudeo. El paso de la Justicia Federal a la Justicia Neuquina de las causas por esos delitos, el trabajo coordinado entre la Justicia, el Ejecutivo y las fuerzas de seguridad, y una planificación sostenida permitieron obtener resultados concretos. Pero lejos de conformarse con ese éxito, la provincia decidió dar el siguiente paso: prepararse para impedir que el crimen organizado encuentre en Vaca Muerta el escenario ideal para desembarcar.
Esa decisión revela una diferencia sustancial entre administrar el presente y gobernar con visión de futuro. Bajo la conducción técnica de María Soledad Gennari (jueza del Tribunal Superior de Justicia) y con la firme decisión política del gobernador Rolando Figueroa, Neuquén incorporó cooperación internacional, tecnología de punta y experiencias exitosas de otros países para anticiparse a un fenómeno que a estas latitudes no ha llegado (y Dios quiera jamás llegue), pero que representa una amenaza real.
La seguridad dejó de ser una respuesta improvisada para convertirse en una política pública. Hoy proteger Vaca Muerta también significa proteger las inversiones, los trabajadores, la seguridad jurídica y el desarrollo económico de toda la provincia. La prevención pasó a ocupar el lugar que durante demasiado tiempo estuvo reservado para la reacción.
El contraste con la gestión de Omar Gutiérrez resulta inevitable. Mientras la provincia comenzaba a transformarse en uno de los polos energéticos más importantes del país, su gobierno y la entonces ministra de Seguridad, Vanina Merlo, nunca lograron construir un plan serio para enfrentar el avance del delito. Faltó estrategia, coordinación y decisión política para comprender que el crecimiento económico también exige fortalecer el sistema de seguridad.
Pero desde que asumió Figueroa Neuquén eligió otro camino. Entendió que el desarrollo sólo es sostenible si el Estado mantiene la guardia alta y actúa antes de que las organizaciones criminales encuentren espacio para crecer. Haber ganado la batalla contra el microtráfico fue apenas el primer paso. La verdadera apuesta consiste ahora en impedir que el crimen organizado desembarque en la provincia. Esa capacidad para planificar, anticiparse y cuidar a los neuquinos es, probablemente, una de las diferencias más profundas que hoy separan a la provincia de su pasado reciente.