Neuquén y la lección de previsibilidad
Neuquén está dando una lección que vale mucho más que cualquier discurso: la previsibilidad también es una política pública. En un país donde la incertidumbre suele ser la regla, la provincia logró acordar paritarias salariales en tiempo y forma, garantizar aumentos atados al índice de precios al consumidor (IPC) y preparar los edificios escolares para que las clases comiencen como corresponde dentro de pocos días. No es un dato menor: es una señal de orden, planificación y respeto por la comunidad educativa.
En el transcurso de la semana, el gobernador Rolando Figueroa destacó que el ciclo lectivo arrancará el 25 de febrero según lo previsto en el Calendario Escolar Situado. Dos años consecutivos cumpliendo con la fecha anunciada parecen un detalle administrativo, pero en realidad representan un quiebre con un pasado reciente marcado por la improvisación y los conflictos.
“Veníamos de no saber cuándo empezaban las clases”, recordó el mandatario, y con esa frase condensó una experiencia que aún está fresca en la memoria de muchas familias. Hubo tiempos en los que la incertidumbre era total: edificios en mal estado, paros interminables y un inicio de clases siempre en duda. Hoy, en cambio, el escenario es otro: diálogo, planificación y decisiones anticipadas permiten que padres, docentes y alumnos organicen su año con tranquilidad.
Ese cambio se sostiene también en una fuerte inversión en infraestructura. Unos 700 edificios escolares han sido intervenidos y, según el propio gobierno, este año se alcanzará un récord histórico entre inauguraciones y remodelaciones. No se trata solo de pintar paredes: se construyen nuevas escuelas, se amplían otras y se busca erradicar definitivamente las aulas tráiler, símbolo de una precariedad que durante años fue aceptada como normal.
El crecimiento demográfico de la provincia explica parte del desafío. Decenas de miles de personas se radicaron en Neuquén en los últimos años, y miles de chicos se incorporaron al sistema educativo. Eso obliga a planificar aulas, docentes y servicios con una lógica de expansión permanente. En ese contexto, el Estado asumió un rol activo, como “promotor” y “timón”, marcando el rumbo de un desarrollo que no deja librado al azar un derecho básico como la educación.
Nada de esto fue sencillo. El gremio docente ATEN atraviesa desde hace años una interna permanente entre su conducción provincial y la capitalina, históricamente más inclinada a la protesta por la protesta misma. Lograr acuerdos salariales en ese contexto, sin conflictos que paralicen las aulas, es un mérito político que no puede ser subestimado. Más aún cuando esos acuerdos garantizan que los sueldos no queden atrasados frente a la inflación.
Por eso lo conseguido tiene un valor que excede lo educativo. La previsibilidad les da tranquilidad a las familias, estabilidad a los docentes y continuidad a los estudiantes. Marca una diferencia abismal con lo que ocurría hace algunos años y deja una enseñanza clara: cuando hay planificación, diálogo y un Estado presente, la normalidad deja de ser una excepción y se convierte en una política. En Neuquén, empezar las clases a tiempo volvió a ser lo que siempre debió ser: lo normal.