2025-05-18

Señales de desgaste en la vieja estructura del PJ neuquino

La necesidad evidente de erradicar las prácticas de la vieja política, mantienen al PJ neuquino en un estado de debate entre el pasado reciente y un futuro acorde a los cambios que la sociedad ha demandado y de los que no todos tomaron debida nota. En el medio están las miradas contrapuestas: una que se posa sobre las necesidades reales de la sociedad neuquina y otra que lo hace sobre el libro de recetas que viene desde Buenos Aires.

Los lazos entre el senador Oscar Parrilli y la comandancia nacional son quizás los más fuertes e indisolubles que puedan encontrarse en el país. El ex secretario privado, ex jefe de los espías y rector del Instituto Patria  es la mano derecha de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y, como tal, también ha usufructuado candidaturas y cargos para él y los suyos. Alcanzará con decir que su hermana, Nanci, fue senadora y diputada provincial; mientras que su hija, Lorena, es legisladora provincial. Está atado a Bs As y procede en consecuencia.

Su condición de confesor de la Jefa le ha tributado tal poder de decisión que -aun en su pico de representatividad-, el actual diputado provincial, Darío Martínez (de quien hoy es aliado estratégico) no tuvo más alternativa que sucumbir ante él. Darío (o Norman, cómo le decían cuando era diputado nacional y denunciaba a Mauricio Macri por el asunto aquel de los Panamá papers) intentó ser candidato a gobernador, pero a instancias de Parrilli, Cristina lo silenció: es Ramón (Rioseco) y punto, escuchó resignado allá en Bs As. Darío es, junto a Parrilli, el ejecutor de las recetas porteñas.

También Martínez ha acumulado cargos y candidaturas para él y los suyos. Él tuvo un paso bastante cuestionado por el gobierno de Alberto Fernández: fue secretario de Energía y desde el peronismo díscolo le endilgaron no haber realizado esfuerzos en favor de la provincia de Neuquén ni en procura del desarrollo de Vaca Muerta. También fue concejal y candidato a intendente de la ciudad de Neuquén. Mientras que su eterno compañero de ruta, Pablo Todero, fue diputado provincial, jefe regional de la Anses y ahora es diputado nacional.

Toda esa acumulación de poder que supieron ostentar está, ahora, en crisis y así quedó demostrado durante el congreso provincial del PJ que se realizó, este sábado, en Zapala. Ahí, Parrilli y Martínez, intentaron imponer la conformación de un frente electoral (rumbo a las legislativas de octubre) sin someterlo al arbitrio del debate y recibieron un revés. Es cierto que tenían 31 congresales a favor y 26 en contra, pero lo que marca el punto de quiebre es que no lograron los votos necesarios. Necesitaban los dos tercios y no llegaron. Eso marca indicios claros acerca de un cambio de época.

La nueva realidad llevó a los congresales de Parrilli y de Martínez a retirar la moción. Pero desplegaron gritos, actitudes prepotentes y otras reacciones típicas de esas que emergen cuando un sector perdidoso quiere embarrar la cancha. Sacaron a relucir las desgastadas enseñanzas del manual de la vieja política; y eso instaló, entre sus opositores, el temor de que Parrilli impulse una intervención del PJ nacional para contrarrestar el avance de la oposición partidaria.

Los sectores opositores, que fueron creciendo en número a lo largo de los congresos (de 14 a 20 y ahora a 26), se componen de desencantados con la acumulación de cargos por parte de los mismos de siempre; también de quienes buscan romper con el pasado e iniciar una nueva etapa; y de referentes con alto nivel de representatividad que consideraron que la justicia social está mejor representada en el Frente Neuquinidad, que conduce el gobernador Rolando Figueroa. Entre ellos, la diputada nacional Tanya Bertoldi y el conductor del Movimiento Evita, Marcelo Zuñiga

La conducción actual del PJ neuquino se ha convertido en algo así como un bastión del pasado, que provocó su propia crisis y que permanece atado a los designios de un apretado grupo de dirigentes que se aferra a las prácticas que fueron rechazadas en las urnas. Los opositores internos los acusan de intentar perpetuarse en el poder y advierten que si no se modifica el rumbo condenarán al partido a dirimir porotos con la izquierda, cuyo techo es sobradamente conocido.

El sábado, en Zapala, quedó claro que la hegemonía ya no es tal y que la votación a libro cerrado ha dejado de ser posible. Primero habrá que ver qué sucede en los días de armados de listas de cara a las legislativas de octubre. Y luego en la cita con las urnas que se aprobó en el congreso, para renovar los cargos de conducción partidaria. Ahi se verá si los afiliados les señalan la puerta de salida a Parrilli y a Martínez.

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