La confrontación en el MPN se enfoca, por ahora, en el «género»

El género, esa palabra que, actualizada, indica la sagrada libertad ampulosamente declamada y poco ejercida. El género: ya no es una tela, de lo que está hecho un pantalón, o una camisa, sino la referenciación más o menos sexual de la sociedad del siglo XXI. El género, parece ser, es por donde pasa el primer tramo de la confrontación en el MPN, partido que, como se sabe, competirá con su interna abierta, de manera inédita, en las PASO nacionales, enfrentando a Mage Ferraresso con Rolando Figueroa.

Ferraresso, mujer, lidera la Lista Azul «A», acompañada por Osvaldo Llancafilo, varón, y representando al oficialismo que conduce Omar Gutiérrez, el gobernador. La opción para el 12 de septiembre es Rolando Figueroa, varón, acompañado por Luciana Ortiz Luna, mujer. Lógicamente, estas personas no hacen más que encarnar los dos polos de la actual interna, sin que se sepa a ciencia cabal cuánta masa crítica hay detrás de esa representación; es decir, cuántos reales emepenistas hacen fila detrás de esos candidatos, para definir la suerte del partido en las elecciones nacionales del 14 de noviembre, y, de paso, la perspectiva hacia el 2023 y esa renovación tan ansiada, codiciada, y amorosamente atada a las profundidades de Vaca Muerta.

Los primeros pasos de la campaña muestran esto: la lista de Ferraresso presume y ostenta su carácter femenino. La ministra de Gobierno, Vanina Merlo, por ejemplo, publicó en Twitter que «Si una mujer entra en política, cambia la mujer. Si muchas mujeres entran en política, la que cambia es la política», como frase representativa de lo que se pretende con la nominación al Congreso. No ha sido la única alusión al respecto, al género, mejor dicho. Llovieron en las últimas horas, demostrando que es una consigna elaborada para sustentar una posición marketinera.

Del otro lado, también por ahora, Figueroa ha hecho caso omiso a ese desafío. Se ha esmerado, más bien, en enfatizar que el MPN debe recuperar terreno en el Congreso (redujo su participación a una banca, la ocupada por Alma Sapag), y hacer valer «la neuquinidad», que es un valor que prescinde de géneros y sexos, para afirmarse en territorio e identidad cultural y política.

Luciana Ortiz Luna, quien secunda a Figueroa en la lista, tampoco se ha preocupado mucho en mostrar su «chapa» femenina. Se ha dedicado, más bien, a lo suyo, que es la Salud (es médica y fue directora del SIEN) y actualizar el tema pandemia desde la política, con referencias a la estructura que tiene Neuquén y al manejo político que ha tenido esa estructura.

Pero esto recién empieza. En realidad, todavía no ha comenzado desde lo formal. La campaña fuerte es en agosto. Será un mes intenso. Con géneros o sin géneros.

Rubén Boggi

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