Los trenes y las trenas, y el atraso que nos duele

Hoy hubo un acto que pinta con estremecedora lucidez a nuestro país. El ministro de Transporte, Mario Meoni, inauguró la modalidad femenina en los trenes de carga. Es una iniciativa acordada con la empresa Trenes Argentinos Carga (TAC), por la que se incorporará a mujeres “por primera vez” en las áreas operativas del ferrocarril.

Los trenes y trenas circularán por los confines de la patria. Por algunos, mejor dicho, pues el servicio de ferrocarril en Argentina está deteriorado y casi desaparecido, y lo que más sobresale en este tema son las declaraciones grandilocuentes, como la que se acaba de hacer en voz del propio Meoni.

«Quiero felicitar a todas las mujeres ferroviarias que están rompiendo con una historia bastante difícil. Si una mujer quiere conducir una locomotora, si quiere soldar, si quiere reparar vías o poner durmientes, tiene que tener la oportunidad de hacerlo», dijo el ministro.

¡Muy bien! Ahora habría que tener en cuenta que para que las mujeres den este paso hacia la igualdad ferroviaria, deben existir los trenes. El clamor por esa existencia negada tiene aquí, en la Patagonia, una vigencia plagada de frustraciones. Cuando pasa un tren, dan ganas de aplaudir, porque es un evento raro. Se prometen trenes a granel, pero las promesas tardan en concretarse, más de lo que la paciencia aconseja.

Más que pintar vagones con consignas de progreso social, habría que progresar, concretamente. Un país sin trenes es una égloga vitalicia al atraso permanente.

Rubén Boggi

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