Fernández, cual un Perón del tercer milenio

El presidente electo, Alberto Fernández, dio la primera señal fuerte de peronismo clásico este viernes, cuando, reunido y rodeado por viejos sindicalistas de la CGT, aseguró que esta organización, tan cara al Justicialismo del siglo pasado, “será parte” de la gestión que comenzará el 10 de diciembre de este año.

Más que las palabras, las imágenes fueron fuertes. Hay una tradición, un folklore, una postura cultural, que no siempre el peronismo de los últimos años ha reflejado. No, al menos, con tanta claridad. Como retratados en una obra de Berni, los personajes más entrañables del sindicalismo argentino, vilipendiados, investigados y sospechados en muchos gobiernos, sonrieron, rieron, abrazaron y besaron a quien parece perfilarse como la encarnación de la renovación de los clichés, los eslóganes, la síntesis de aquella verdad número 18, la que dice que se quiere “una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana”.

La andanada de promesas de Fernández, han paseado por todo el espectro ideológico. El presidente electo parece seguir muy bien aquella técnica de Perón, que consistía en hablar con un mensaje diferenciado según el auditorio, para que los que escucharan, oyeran lo que querían oír. Perón era un Perón para los militares, otro para los empresarios, otro para los trabajadores. Fernández parece tener esa ubicuidad, pero en un mundo tecnológicamente distinto, que copia y pega obsesivamente cada palabra, cada gesto, y lo distribuye y lo guarda en el gran archivo de la nube infinita.

Fernández, con su peinado imperturbable, su sonrisa acomodada al bigote, sus gestos cancheros, y su amplitud ideológica tal vez un poco impostada, se parece más a Perón, en sus primeros pasos, que cualquiera otro que siguiera los pasos del general tras su muerte en Julio de 1974.

Si esto es una virtud, o un defecto, todavía está por verse.

Rubén Boggi

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