Del colapso al abastecimiento: la reconstrucción de la salud neuquina

La inversión en insumos y la eliminación de gastos innecesarios permitieron pasar de la emergencia permanente a un modelo estable

Del colapso al abastecimiento: la reconstrucción de la salud neuquina

Cuando el actual gobierno provincial asumió, hace dos años, el diagnóstico era tan crudo como ineludible: el sistema de salud de Neuquén estaba en terapia intensiva. Faltaban insumos, escaseaban los medicamentos y la carencia de personal ponía en jaque la atención cotidiana. La emergencia no era retórica: hospitales funcionando al límite y una demanda creciente que encontraba respuestas incompletas.

Ese punto de partida explica la centralidad que la salud ocupó desde el primer día en la agenda de Rolando Figueroa. La consigna fue clara: ordenar, priorizar y reconstruir. La austeridad dejó de ser una palabra incómoda para transformarse en herramienta de gestión, asociada a la eliminación de gastos superfluos y al direccionamiento de los recursos hacia lo esencial. Así comenzó a revertirse un escenario que parecía estructural.

La puesta en marcha de un plan de abastecimiento sanitario es hoy una de las señales más visibles de ese viraje. Lo nuevo es que, con una inversión superior a los 23.590 millones de pesos, el Ministerio de Salud diseñó un esquema de licitaciones públicas que garantiza insumos por un período de entre seis y doce meses. La lógica es preventiva: evitar quiebres de stock, asegurar continuidad operativa y blindar a los hospitales frente al impacto inflacionario.

El programa se estructura en pilares concretos. Más de 7.600 millones de pesos de esta nueva compra se destinan a descartables biomédicos y otros 6.000 millones a diagnósticos de laboratorio, áreas clave para el funcionamiento cotidiano. A eso se suman partidas específicas para sectores de alta complejidad, como los 2.178 millones para cirugía mini invasiva y endoscopía, y los 1.470 millones asignados al servicio de diálisis peritoneal del hospital Castro Rendón.

También se incorporó una mirada integral sobre la seguridad hospitalaria y la higiene. Más de 2.100 millones de pesos se orientan a insumos de esterilización y antisépticos, mientras que otros 2.500 millones se destinan al tratamiento de residuos patógenos. Desde una jeringa básica hasta equipamiento sofisticado de laboratorio, la política apunta a que nada falte en la cadena de atención.

A dos años del inicio de la gestión, los resultados están a la vista. Lo que fue un sistema al borde del colapso muestra hoy estabilidad y previsibilidad.

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