Parrilli intenta calzarse el traje de “renovador”
Tras un octubre en silencio, el senador busca instalarse como una “nueva” alternativa dentro del peronismo neuquino
Oscar Parrilli, histórico referente del peronismo neuquino y figura encumbrada del kirchnerismo en el país, decidió recluirse durante octubre. No fue candidato porque sabía que Fuerza Patria no tenía chance alguna (y así sucedió). Pero ahora trata de regresar con la mira puesta no sólo en las internas del PJ neuquino (2026), sino también en las elecciones provinciales y nacionales de 2027.
Tras semanas que consagró pura y exclusivamente a los pedidos de libertad de Cristina Fernández de Kirchner (presa, con detención domiciliaria, en la ciudad de Buenos Aires), el senador volvió al ruedo intentando posicionarse como parte de una “nueva propuesta” para reordenar al justicialismo neuquino (y seducir a las fuerzas del campo nacional y popular).
Lo hizo con un encuentro (apretando en números) del que, entre otros, participaron su hija (la diputada provincial neuquina, Lorena Parrilli) y la rectora de la universidad (UNCo), Beatriz Gentile, quien en octubre fue candidata a diputada nacional y quedó afuera, muy lejos.
La académica perdió feo, al igual que Silvia Sapag, quien fue candidata a senadora (en rigor, a la continuidad en la banca). Los Parrilli, en cambio, la vieron venir y se preservaron. Soldado que huye sirve para otra guerra, dicen. Así que se borraron y, a menos de un mes del naufragio peronista, ya se anotaron para la batalla que viene.
Hasta donde se sabe, el “nuevo” discurso del senador (hombre de confianza de la ex presidenta) apunta a renovar ideas; pero su reaparición contrasta inevitablemente con la lectura que hacen propios y extraños: cuesta presentar como renovación a quien lleva décadas siendo uno de los máximos arquitectos del rumbo del partido, hoy en una crisis política, con vestigios de decadencia. De su hija se dice que sólo es portadora de apellido.
Durante años, los Parrilli y el actual diputado provincial, Darío Martínez, se disputaron tanto los cargos de conducción partidaria como los lugares en las listas. No se les escucharon propuestas serias para la provincia y así llegaron a este presente.
En los últimos años, el PJ neuquino perdió territorialidad, representación y capacidad de articulación. La distancia con las bases, la falta de recambio generacional y las tensiones internas no hicieron más que profundizar las diferencias (por los cargos) y con ellas la debacle.