La fórmula neuquina del crecimiento en desventaja
Las cuentas, cuando se ordenan, también cuentan una historia. Y en el caso de Neuquén, las matemáticas ayudan a explicar un fenómeno que, en apariencia, desafía la lógica del contexto nacional. En un escenario de retracción económica, caída de ingresos y menor asistencia federal, la provincia no sólo resiste: crece, genera empleo y sostiene niveles de inversión que contrastan con la mayoría de las jurisdicciones.
El punto de partida es tan simple como contundente: de cada 100 pesos que Neuquén aporta en impuestos al Estado nacional, apenas regresan 30. La ecuación, expuesta tiempo atrás por el gobernador Rolando Figueroa, sigue vigente y deja al descubierto un esquema de distribución de la coparticipación federal, que no guarda relación directa con lo que la provincia produce ni con su peso en la economía real. Es una injustia lisa y llana.
Esa desproporción se vuelve aún más evidente cuando se observa el comportamiento de otras provincias, que reciben dos o hasta tres veces más de lo que aportan. En ese mapa, Neuquén aparece como una de las que menos recursos recibe, aun siendo una de las que más genera. Y, sin embargo, los resultados muestran una dinámica opuesta a la que podría esperarse: más actividad, más empleo y más obra pública.
La explicación está, en gran medida, en la estructura de ingresos. Las transferencias nacionales representan apenas entre el 18 y el 19% del total de recursos provinciales. El resto responde a un esquema propio: el 46% proviene de regalías hidrocarburíferas -gas y petróleo- y el 36% de recaudación propia. Es decir, más del 80% de los ingresos dependen de la capacidad de la provincia de generar y administrar sus propios recursos.
Esa composición no es casual ni automática. Si bien el desarrollo de Vaca Muerta es un factor determinante, no alcanza por sí solo para explicar el fenómeno. Lo que aparece detrás es una combinación de políticas públicas orientadas a acelerar ese desarrollo, una administración austera y un manejo serio y transparente de los recursos. La ecuación no es sólo geológica: es también política y administrativa.
Los resultados son visibles en el territorio. Neuquén sostiene la construcción de escuelas, la pavimentación de rutas y programas de capacitación laboral, al tiempo que continúa generando puestos de trabajo. A eso se suma un fenómeno demográfico creciente: la provincia se consolida como destino para argentinos y también para ciudadanos de otros países que llegan en busca de oportunidades y un futuro mejor.
En ese contexto, el caso neuquino empieza a trascender sus propias fronteras. Analistas políticos de Buenos Aires ya ubican a Figueroa entre los dirigentes con proyección nacional hacia 2027. Pero más allá de las especulaciones electorales, lo que emerge con claridad es que, en Neuquén, las matemáticas no sólo cierran: explican cómo una provincia que recibe menos puede, aun así, hacer más.