2025-11-09

La estrategia neuquina frente al escenario que viene

Frente a los vaticinios de 2026 (sin mayores novedades en el frente económico nacional respecto de 2025, pero con menores expectativas que en 2024), el gobierno provincial neuquino volverá a aferrarse a la austeridad, el cuidado extremo de los recursos y el desarrollo provincial a partir de la distribución equitativa. La presunción llegó con la fuerza de una certeza, en el epílogo de esta semana en la que comenzó el camino rumbo al debate del Presupuesto 2026 y en la que, además, se pusieron en marcha las negociaciones salariales de los trabajadores de la administración pública.

Desde afuera, Neuquén es vista como un destino tentador, en virtud de Vaca Muerta. Hay trabajo, es cierto. Y se vive mejor que en muchos otros distritos. Pero la realidad es que los ingresos provinciales no son los que el común de la población supone; y si el gobierno de Rolando Figueroa ha logrado concretar obras, realizar escuelas y construir rutas es por su programa de eliminación de gastos innecesarios, y su un plan de ahorro que, además, le permitió implementar un sistema de becas estudiantiles que no registra antecedentes en el país (porque simplemente no los tiene).

Aunque crece y suma servicios, Neuquén o es una provincia rica. Sino una provincia con potencialidades, cuya principal fuente de ingresos está rigurosamente atada a los designios de la industria de los hidrocarburos; y es el precio del barril de petróleo el que talla fuerte en la ecuación. Para muestra sobra un botón: en octubre el barril se liquidó a 64 dólares, cuando el presupuesto vigente preveía 80 dólares. Eso hizo que los recursos a disposición fuesen menos.

Eso impactó en las regalías y se combinó con otros factores que afectaron a los ingresos provinciales: la cotización del dólar (que se encuentra estancado, pisado) y los índices inflacionarios (de los que eternamente se duda si reflejan o no realidad).

En función de eso, los ingresos de 2025 no fueron los que se querían (o se esperaban); y Neuquén pudo financiar su plan de obras gracias a la austeridad, a la que se hizo mención. En esto no hay discusión: la provincia necesita un dólar más competitivo y precios del petróleo más altos para que sus ingresos se incrementen en términos reales. Pero, para 2026, los vaticinios no son alentadores. De hecho, se estima que el precio del barrill oscilará entre los 60 y los 65 dólares, muy lejos de aquellos 80.

El gobierno de Javier Milei proyecta una inflación estimada del 10,1% y un dólar en 1.400 pesos, tal como ahora, por lo que la provincia deberá compensar no sólo con austeridad, sino también con un crecimiento de la producción de gas y petróleo, situación en la que viene trabajando Figueroa, quien viajó recientemente a Brasil (para gestionar la exportación de gas) y se reunió con empresarios estadounidenses que tienen intenciones de invertir en Vaca Muerta.

Este fin de semana, la secretaria de Hacienda y Finanzas de la provincia, Carola Pogliano, explicó que “si bien la mayor producción compensa parcialmente, no logra mitigar del todo el efecto de la baja del precio (del barril de crudo)”. Y sostuvo que, “además, el tipo de cambio viene con cierta rigidez que en parte del año quedó por debajo de la inflación, afectando los ingresos provinciales”.

De la planificación, virtud de la que hace gala el modelo neuquino dependerá no sólo la posibilidad de seguir con el desarrollo, sino también la construcción de la Neuquén del Futuro que, como se sabe, requiere de la multiplicación de la matriz productiva. Figueroa ya lo ha explicado: de aquí a 30 ó 50 años hay que concretar la transformación que la historia (y la razón) imponen. El cuidado de los recursos jugará un rol clave en ello y todos deberán comprenderlo.

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