2024-07-18

Qué amargura: criticó a Messi y Milei lo puso ¡Afuera!

El (desde anoche) ex subsecretario de Deportes de la Nación, Julio Garro, cometió un sacrilegio imperdonable: osó criticar a Messi y el presidente Javier Milei lo puso de patitas en la calle ¡Afuera! El ahora sospechado de amargo tiene una carrera en el mercado de pases y (hasta ayer) era voz cantante del proyecto presidencial para entregar los clubes de fútbtol a capitales extranjeros. Garro hizo las inferiores en el peronismo, luego saltó al PRO (donde mutó en gran elogiador de Macri) y ahora había probado surte en el mundillo libertario. Abogado de profesión, fue intendente de La Plata hasta que, en las últimas elecciones, regresó Julio Alak y lo puso ¡Afuera!, en una definición voto a voto (por penales, podría decirse).

En la tarde de ayer, el Javo le había dado retuit a un posteo lapidario del militante libertario @elpittttt que decía lo siguiente: “Todos sabemos lo que el javo ama y banca a Messi incluso desde que era totalmente criticado… Decir que Messi tiene que PEDIR DISCULPAS a unos europeos colonizadores por una canción que encima dice la verdad, es ir TOTALMENTE EN CONTRA de la ideología del javo. GARRO TIENE QUE ESTAR AFUERA YA MISMO”.

En una entrevista de radio que le realizó María O´Donnell, Garro había dicho: “Creo que el capitán de la Selección debe salir a pedir las disculpas de ese caso, lo mismo que el presidente de la AFA. Creo que corresponde y coincido con vos, es algo que nos deja como país mal parados con tanta gloria y sería bueno llevar esto a algo ejemplificativo”.

Garro se había referido a un video de los integrantes del seleccionado argentino que subió el volante Enzo Fernández en el que se entonaban canciones supuestamente racistas contra jugadores de la selección francesa, especialmente hacia su estrella, Kylian Mbappé, luego de la conquista de la Copa América ante Colombia, en Miami. Garro quedó en off side y se comió un garrón ante la decisión populista y expulsiva del dueño de Conan. Encima no se la bancó y, en un arrebato de desesperación, terminó la jornada intentando explicar que no dijo lo que había dicho (y que, por supuesto, quedó grabado)

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