2026-05-02

Neuquén se proyecta al mundo y consolida su modelo

La gestión de Rolando Figueroa volvió a mover el tablero nacional con una señal que excede largamente los límites provinciales. Cuando Neuquén ya ocupaba el centro de la escena por su innovador acuerdo con compañías energéticas como Chevron, Pampa Energía, Pan American Energy, Shell, Total Austral, Vista Energy e YPF para financiar rutas estratégicas que potenciarán no sólo a la industria petrolera, sino también al turismo, la producción y la integración territorial, el gobernador decidió elevar aún más la vara con una intensa agenda internacional en Buenos Aires.

Las reuniones mantenidas con Peter Lamelas, embajador de Estados Unidos; Romain Nadal, representante de Francia; y Gonzalo Uriarte Herrera, enviado diplomático de Chile, no fueron encuentros protocolares. Fueron gestiones concretas para posicionar a Neuquén en la agenda global de inversiones, cooperación energética, infraestructura, turismo sustentable y conectividad binacional, bajo una premisa que el propio mandatario resume con claridad: competir con los mejores del mundo.

La mirada internacional no llega por casualidad. Llega porque la provincia exhibe resultados que hoy sobresalen en un país golpeado por la recesión, la caída del empleo y la paralización de la obra pública. Neuquén se consolidó como el distrito con mayor generación de puestos de trabajo privados, con indicadores de consumo que reflejan un nivel de vida superior al promedio nacional, visible tanto en la sostenida venta de vehículos cero kilómetro como en el movimiento comercial de supermercados y grandes superficies. Esos números no son relato: son el reflejo de una economía en expansión.

Detrás de ese desempeño hay una concepción política que marca diferencias. Mientras gran parte del país discute ajuste o parálisis, en Neuquén se eligió ordenar las cuentas públicas sin resignar crecimiento. La austeridad en el manejo del Estado, el control estricto del gasto, la eliminación de erogaciones improductivas y la expulsión de ñoquis de la administración pública generaron recursos genuinos para financiar obras, acompañar al sector privado y apuntalar el desarrollo. Ese círculo virtuoso -eficiencia estatal, inversión productiva y generación de empleo- hoy aparece como una rareza en la Argentina.

A eso se suma una visión estratégica poco frecuente: convertir la riqueza energética en una plataforma de desarrollo integral. No se trata únicamente de duplicar la producción hidrocarburífera en cinco años, avanzar con el GNL o llenar ductos para exportar gas a Chile. También se trata de pavimentar pasos internacionales como Paso Mamuil Malal y Paso Pichachén, consolidar corredores bioceánicos, fortalecer circuitos binacionales de turismo, desarrollar esquí -también senderismo sustentable- y proyectar destinos internacionales que diversifiquen la matriz económica provincial.

Ese combo de pragmatismo, desarrollo y equilibrio fiscal es precisamente lo que comenzó a despertar interés en Buenos Aires. Analistas económicos, referentes de la industria y actores del llamado círculo rojo observan a Figueroa como un dirigente con proyección nacional. Incluso, en ámbitos donde se mide el poder antes de que se exprese en las urnas, su nombre empieza a ser mencionado entre los presidenciables. No es un dato menor: en un escenario polarizado, aparece un liderazgo que combina respaldo a la industria, financiamiento de infraestructura y generación concreta de trabajo.

Desde el corazón productivo de la Patagonia, Neuquén está mostrando que existe otro camino posible. Uno donde el Estado no se retira ni derrocha, sino que administra bien, ordena prioridades, expulsa privilegios y crea condiciones para que la inversión privada se multiplique. Con ese modelo, Figueroa no sólo proyecta a la provincia hacia el mundo: empieza también a proyectar una idea de país distinta, basada en producción, empleo, infraestructura y desarrollo real.

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