La ex Zanon: de símbolo de lucha a ejemplo de fracaso
La experiencia de la cooperativa ceramista FaSinPat, aún conocida por muchos como Zanon, vuelve a quedar bajo la lupa, esta vez como un caso paradigmático de cómo la cesión de una empresa a un grupo de dirigentes terminó derivando en un proceso de vaciamiento sostenido. Lo que en su momento fue presentado como un modelo de autogestión terminó, con el paso de los años, convertido en una estructura debilitada, sin producción activa y con serias dificultades para sostenerse.
El sistema cooperativista funciona, si se lo administra bien. Y la energética CALF es claro ejemplo de ello. Pero la ex Zanon fracasó porque los conductores de la izquierda neuquina la usaron como caja política, para financiar campañas del Frente de Izquierda y protestas.
En ese contexto, distintos cuestionamientos apuntan a que la conducción de la cooperativa priorizó objetivos políticos por sobre la viabilidad productiva. Nombres como Andrés Blanco y Julieta Ocampo, hoy diputados provinciales, aparecen asociados a ese proceso, en el que recursos y estructura habrían sido utilizados para sostener militancia, campañas y protestas. La crítica no se limita a la conducción interna, sino que se extiende a un esquema más amplio en el que la actividad política se habría financiado con el deterioro de la propia fábrica.
La situación es crítica desde hace años, aunque durante las gestiones anteriores se disimuló el desenlace mediante subsidios estatales. Durante el gobierno de Omar Gutiérrez, esos aportes permitieron sostener una paz social frágil y ficticia, destinada a evitar conflictos en las calles, pero al mismo tiempo implicaron una carga para el conjunto de los contribuyentes neuquinos. Recursos que podrían haberse destinado a áreas sensibles como salud, educación o seguridad terminaron apuntalando un proyecto sin horizonte productivo claro.
Ese esquema también involucró a otros referentes del espacio político, como Angélica Lagunas, Patricia Jure y Gabriela Suppicich. Esta última, además, figura en una investigación judicial por presunto fraude al Estado vinculado al manejo de subsidios, aunque en un expediente distinto al de la ex ceramista. El entramado muestra cómo distintas expresiones de la izquierda provincial confluyeron en torno a un mismo ecosistema, donde la protesta y la política partidaria se retroalimentaron con fondos públicos. Y en el financiamiento de las campañas políticas no sólo talla la ex Zanon, sino también la seccional capitalina del gremio de los docentes, ATEN.
Lo nuevo: venta de terrenos
Hoy, con una deuda que supera los 2.070 millones de pesos con el Ente Provincial de Energía del Neuquén (EPEN), la cooperativa busca alternativas para evitar el colapso definitivo. Entre las opciones en análisis aparece la posible venta de terrenos industriales ubicados en una zona estratégica del Parque Industrial de Neuquén, cerca de la conexión entre la Ruta 7 y la Autovía Norte, un punto clave para la logística hacia Vaca Muerta. La eventual operación permitiría cancelar compromisos urgentes y abrir la puerta a una reconversión del predio.
Mientras tanto, la realidad cotidiana refleja el deterioro: quedan apenas 73 trabajadores que subsisten con la venta de remanentes, chatarra y algunos servicios menores. El propio Blanco reconoció que ya no se producen cerámicos y que la cooperativa se sostiene con ingresos marginales. Lo que alguna vez fue símbolo de recuperación tras la crisis de 2001 hoy aparece como un ejemplo elocuente de la vieja política: un modelo donde el Estado financió durante años a un grupo reducido, sin resultados, a costa de toda la sociedad neuquina. Hoy con las políticas del presidente Javier Milei en desmedro de la industria, la situación de la ex Zanon es directamente castastrófica.