Crexell siempre lejos de Neuquén, ahora quiere alejarse más
La trayectoria política de Lucila Crexell parece haber estado marcada por una constante: la distancia con Neuquén. Durante más de una década, entre 2013 y 2025, ocupó una banca en el Senado de la Nación, primero de la mano del MPN y luego bajo el paraguas de Juntos por el Cambio, espacios de los que terminó alejándose sin escalas claras ni anclaje firme en el territorio que decía representar. A lo largo de esa trayectoria no se le conocen iniciativas a favor de la provincia ni de quienes habitan en ella.
Esa lejanía no fue solo política, sino también geográfica y simbólica, además de haberse reflejado en la gestión. Su voz sobre Neuquén se escuchó casi exclusivamente desde Buenos Aires, lejos de la realidad cotidiana de una provincia atravesada por el crecimiento energético. Nunca logró consolidar una presencia territorial fuerte, ni construir un vínculo directo con los neuquinos.
Ahora, su nombre vuelve a escena con una nueva aspiración: convertirse en embajadora de la Argentina en Canadá, propuesta impulsada por el gobierno de Javier Milei. La postulación no hace más que reforzar esa lógica de alejamiento progresivo, en la que cada paso parece ubicarla más lejos de la provincia que supo llevarla al Senado.
Sin embargo, su recorrido reciente arrastra un peso difícil de ignorar. El quiebre definitivo con buena parte de la sociedad neuquina se produjo cuando votó a favor del regreso del Impuesto a las Ganancias durante el tratamiento de la Ley Bases (en 2024). En una provincia con algunos de los salarios más altos del país, esa decisión fue leída como un golpe directo a los trabajadores, que vieron cómo se reinstalaba un tributo considerado injusto.
Esa votación no sólo selló su ruptura con sectores políticos locales, sino que también la dejó expuesta a cuestionamientos que aún resuenan. Para muchos, fue una traición sin matices, una decisión que priorizó alineamientos coyunturales por sobre la defensa de los intereses neuquinos, profundizando la desconexión que ya se le reprochaba.
En este contexto, su designación como embajadora enfrenta resistencias concretas en el Senado. Se asegura que la senadora por La Neuquinidad, Julieta Corroza, votará en contra de su pliego, en sintonía con el malestar que persiste en la provincia. Así, la posible salida diplomática de Crexell aparece menos como un reconocimiento y más como el nuevo capítulo de una historia marcada por la distancia.