La ola anticorrupción ¿llegará hasta Neuquén?

Es muy seria la ola anticorrupción de la que comenzó a alimentarse, otra vez, la política argentina, y esa característica de seriedad que se perfila a partir de la asunción de Manuel Abal Medina sobre aportes o coimas para campaña, y el casi grotesco arrepentimiento del ex juez Norberto Oyarbide, que podría derivar en una catarata de revelaciones o confirmaciones de efectos incalculables, no quedaría a nivel nacional solamente, sino que podría tener repercusiones distritales.

Por ejemplo, en Neuquén. Negocios petroleros muy pesados han pasado y siguen pasando por esta provincia, y eso –que en sí mismo no es nada malo- en el contexto de la gran corrupción nacional adquiere una significación importante, y remite a la posibilidad casi directa, si las piezas del dominó empiezan a caer, que las que están en pie por estos lares inevitablemente caerían también, más temprano que tarde.

Esta presunción de eventuales culpabilidades que podrían salir a la luz, se hace, no en la mente de algún afiebrado periodista como el que esto escribe, sino en algunos núcleos duros político-empresarios, donde se analiza la política local, a la luz más impiadosa del pragmatismo puro.

“Puede llegar a caer fulano”, dicen. Y el otro, y el otro también. Los nombres comienzan a salir con tanta naturalidad que da un poco de miedo, porque implica necesariamente una especie de complicidad no asumida, algo que raramente provocará alguna culpa en historias inevitablemente compartidas.

Es tanta la corrupción, y tan arraigada culturalmente su existencia, que bien puede ser que estemos ante una nueva era…o solo ante otra gran engañifa.

Aunque duela, quisiéramos la primera opción.

Por una vez.

Esa vez que hace falta desde hace tanto tiempo.

Rubén Boggi

 

 

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