Encerraron a los asesinos de Caliani
La jueza de ejecución penal, Raquel Gass constituyó como detenidos a los dos asesinos condenados por el homicidio del periodista Juan Caliani. Cuando estos malvivientes perpetraron el homicidio eran menores. Pero ahora comienzan a cumplir la condena impuesta por el tribunal de impugnación en marzo de este año, de 8 años y 6 meses para uno y de 5 años y 8 meses para el otro.
En realidad, el castigo es poco. Pero al menos están donde siempre tendrían que haber estado: presos. Encima, los abogados de los hampones hicieron hasta lo imposible para hacerlos zafar del encierro. Estos criminales son un peligro evidente para la sociedad.
La jueza rechazó el pedido de la defensa para comenzar a cumplir la condena en prisión domiciliaria. Los caraduras argumentaron esa pretensión en la supuesta sobrepoblación carcelaria; pero, según se indicó al respecto, ambos asesinos fueron trasladados a una comisaría hasta tanto puedan ser ubicados en una unidad de detención carcelaria. Lo que sí se deberá considerar, al momento de realizar el cómputo de la pena, es el tiempo en que estos asesinos se encontraron con arresto domiciliario durante el proceso.
Cabe recordar que, a principios de marzo último, uno de los dos asesinos -identificado como Mateo Guillermo Herrera- golpeó brutalmente a un hombre en medio de la calle, en el barrio La Sirena de la ciudad de Neuquén. La víctima, accidentalmente, atropelló a su perro cuando circulaba en su vehículo y el malviviente lo atacó. El otro asesino se llama Cristian Joel Miño.
Cuando cometieron el asesinato, el primero de abril de 2024, estos sujetos tenían 16 y 17 años de edad. Eran alrededor de las 23:45, cuando ingresaron a la casa de Caliani. Luego robaron cajas de herramientas, bebidas alcohólicas y una valija con ropa, que fueron dejando en el techo del inmueble. Al advertir ruidos, el periodista salió de su dormitorio y en un pasillo que comunica la casa con el quincho se cruzó con los asesinos. Uno lo sujetó por la espalda y el otro le asestó dos puñaladas en el tórax.