2025-09-12

Una provincia que hace rutas, en un país con baches

La contraposición entre la política nacional y la provincial vuelve a quedar en evidencia. Mientras la administración de Javier Milei intentó decretar el cierre de Vialidad Nacional, el gobernador Rolando Figueroa avanza en sentido opuesto: jerarquiza el organismo provincial y lo coloca como pieza estratégica para el desarrollo. Dos miradas que se chocan de frente, con consecuencias concretas para la vida de la gente.

La diferencia no es menor. Nación ha puesto su foco en el ajuste financiero y en una visión centrada en los números (sin contemplaciones de las consecuencias sobre la población). Con esa mirada, dejó en segundo plano el entramado territorial que sostiene la producción y el turismo del país. Neuquén, en cambio, mira hacia sus necesidades reales y se enfocó en la necesidad de tener rutas en condiciones que acompañen la expansión de Vaca Muerta, pero también de la ganadería, el turismo y cada actividad económica que requiere conectividad y seguridad vial. Las inversiones, todas con fondos provinciales, son inéditas.

Además, de esto se trata: rutas bien mantenidas y señalizadas significan vidas salvadas. No es un detalle, ni un lujo, ni un gasto superfluo. Es un componente esencial del desarrollo, de la integración regional y de la seguridad de miles de familias que todos los días transitan caminos provinciales y nacionales.

Con ese diagnóstico, Figueroa acaba de dar un paso más: llamó a concurso interno para cubrir 36 vacantes en la dirección provincial de Vialidad. No es un gesto burocrático. Es el reconocimiento de que allí se juega buena parte del futuro neuquino, con un plan de pavimentación de 600 kilómetros de rutas y una inversión superior a los 8.400 millones de pesos en equipos y maquinaria. Las obras ya concretadas -como las de Andacollo a Huinganco, Aluminé y El Rahue o Rincón de los Sauces- muestran que hay un rumbo trazado y, sobre todo, cuentas en orden para sostenerlo.

Del otro lado, Vialidad Nacional sigue atrapada en la incertidumbre. Su misión es nada menos que garantizar la conectividad territorial de la Argentina. Sin embargo, un decreto presidencial quiso clausurarla, como si el mercado pudiera reemplazar la presencia del Estado en una función tan sensible. Fue el Senado el que tuvo que frenar semejante retroceso, con una mayoría contundente que reflejó el rechazo transversal al cierre del organismo.

En ese debate, Figueroa fue claro: “las rutas tienen que ser desarrolladas por el Estado”. La frase cobra hoy un nuevo sentido frente al contraste. Mientras Nación insiste en el ajuste sin medir consecuencias, Neuquén invierte y planifica. Son dos modelos. Y en esa diferencia queda en juego no sólo la infraestructura, sino el tipo de país que se pretende construir: uno que achica hasta la asfixia o uno que entiende que el desarrollo empieza por el camino que lo hace posible.

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