De la farsa sindical a la especulación electoral
La izquierda neuquina volvió a apelar a una vieja receta, de esas que ya ni sorprenden: disfrazar de protesta sindical (inventada) lo que en realidad fue un acto de campaña electoral. Este jueves, en pleno centro de Neuquén, un grupo reducido de militantes decidió cortar calles y complicarles la vida a los vecinos, bajo la excusa de un presunto reclamo de aumento salarial para el sector docente.
La puesta en escena fue pergeñada por Angélica Lagunas y Patricia Jure, conductoras de la seccional capitalina del sindicado docente ATEN y, casualmente, madrinas políticas de dos dirigentes políticos que encabezan la lista de candidatos a diputados nacionales por el Frente de Izquierda (FIT), en Neuquén: Julieta Ocampo (Izquierda Socialista) y César Parra (Partido Obrero). Acompañaron los de siempre: los minoritarios de Siprosapune (nucleamiento sin personería gremial de profesionales de la salud) y la dirigencia Ceramista que tiene como referente a Andrés Blanco, actual diputado provincial que encabeza la lista candidatos a senadores por el FIT. Lo secunda otra sindicalista que fue concejal capitalina: Priscila Otton.
En las calles, la fórmula fue la de siempre: un puñado de gremialistas, ruido suficiente para tapar los baches de convocatoria y pancartas con consignas recicladas. Lo único nuevo fue el objetivo real, que nadie se molestó en disimular demasiado: instalar apellidos propios en la agenda electoral.
El paro docente con el que quisieron teñir la movida duró poco y nada. La conducción provincial de ATEN -que encabeza Marcelo Guagliardo- se desmarcó de inmediato y lo desautorizó, mientras que el Consejo Provincial de Educación (CPE) lo rechazó. En medio de todo eso se recordó que hay un acuerdo salarial vigente, con actualización de sueldos por Índice de Pecios al Consumidor (IPC) e incluso el pago del Incentivo Docente que la Nación ya no cubre.
Lagunas y Jure quedaron en la soledad estruendosa de su estado de queja permanente (con o sin motivos, en este caso sin). Y los perjudicados volvieron a ser los de siempre: las escuelas y los vecinos que padecieron los cortes de calles en hora pico y en pleno centro de la ciudad. Fue una postal anacrónica, algo así como una parodia vintage interpretada por titiriteros a los que se les ven los hilos.