Más seguridad requiere de más calabozos
El gobierno de la provincia de Neuquén equipó a las fuerzas policiales, multiplicó estrategias y reforzó la presencia en las calles, para revertir la pésima situación que había heredado del gobierno de Omar Gutiérrez y sus respectivas jefas de Seguridad (Vanina Merlo y Marianina Domínguez). Ahora se fortaleció la lucha contra el delito y se suceden tanto los allanamientos como las detenciones. Consecuencia de ello, se necesitan más celdas para alojar a los hampones.
Las cárceles están en construcción y el gobierno acelera el paso. “Construir una cárcel no es como hacer un edificio convencional. Estamos hablando de estructuras que deben responder a exigencias muy estrictas en términos de seguridad, control, habitabilidad, movilidad interna y tratamiento penitenciario”, aseguró el ministro de Seguridad, Matías Nicolini durante una recorrida por las obras.
“La inversión que estamos haciendo no sólo es histórica, sino estratégica. Estamos saldando una deuda estructural de años y apostando por un sistema penitenciario más seguro y más eficiente”, agregó el funcionario.
“Al iniciar la gestión nos encontramos con un sistema colapsado, con más de 600 personas condenadas y sólo 483 plazas disponibles en unidades de detención”, sostuvo y agregó que “gracias a este plan de inversión, estimamos superar las 1.100 plazas penitenciarias al finalizar la gestión, resolviendo la emergencia carcelaria y dando respuesta al crecimiento proyectado de la población penal”, señaló.
“Estamos dando una respuesta concreta a lo que la sociedad nos demanda: vivir con tranquilidad, con orden y con respeto. Iniciamos un trabajo de seguridad sin precedentes en toda la provincia. No a los delincuentes, no a los traficantes, no a todo aquel que transgreda las normas de convivencia”, sostuvo.
Desde el gobierno se destacó que, en cuatro años se construirán 418 nuevas plazas, distribuidas en las unidades de detención U11, U22 y U32, lo que representa un incremento del 83,8 por ciento en la capacidad actual. Es decir, casi la misma cantidad de plazas que se construyeron en los últimos treinta años.
En paralelo, se sumarán 31.791 metros cuadrados de infraestructura y se incorporarán módulos de educación, salud y trabajo, con un enfoque en la reinserción social de las personas privadas de libertad.
“La arquitectura carcelaria destinada a personas de máxima peligrosidad requiere un diseño altamente especializado. Hablamos de individuos que buscan permanentemente burlar su condena, por eso estas estructuras deben garantizar estándares extremos de seguridad”, concluyó Nicolini.