La oposición extraña al pícaro

Que los radicales son expertos en sacarte las ganas; que el MPN y ATE son hermanos de leche, porque maman de la teta del Estado; y que no se imaginaba a sí mismo dándoles de comer a las palomas. Está claro que la oposición -o en rigor de verdad, buena parte de ella- extraña y mucho al ex intendente capitalino Horacio “Pechi” Quiroga. Y no sólo lo extraña por la capacidad de gestión que tenía, sino también por su habilidad para mantener la autonomía frente a los mandatos porteños y por su cintura para quebrar, cuando lo consideraba necesario, el protagonismo hegemónico del partido provincial.
La picardía es, en su definición académica, la habilidad y gracia para que no se vea o no se sepa una cosa, o para sacar provecho de ciertas situaciones. Es decir, un bien decididamente preciado tanto para los políticos de raza como para quienes ejercen cargos de conducción.
El hecho es que, desde principios de marzo, cuando Omar Gutiérrez le levantó la mano a Marcos Koopmann como precandidato a gobernador por la lista Azul, no se habla más que del MPN. Cierto es que la dirigencia de los partidos que integran Juntos por el Cambio buscó capitalizar asuntos que a esta altura ya son de manual, como las polémicas mapuches y los piquetes; pero también es innegable que destilaron cierta orfandad en materia de repentización y ese es, precisamente, uno de los terrenos en los que el MPN se mueve cual pez en el agua. El protagonismo perenne es una obligación autoimpuesta y, al gobernar también la gran ciudad, dejó a sus rivales sin la posibilidad de mostrar gestión.
Entonces mientras Gutiérrez, Koopmann y Mariano Gaido bombardean literalmente con obras y con proyectos que muestran hasta el cansancio, la maquinaria partidaria (oficialista y opositora) garantiza presencias y renueva vigencias. Fue así como en la vorágine diaria se pasó del misterio -aún vigente- por la compañera de fórmula azul, a la posibilidad de que el adversario interno, Rolando Figueroa, vaya por fuera.
El propio diputado desestimó esa posibilidad, pero el tema no perdió vigencia y sigue en los comentarios ciudadanos, sin que la oposición haya podido meter bocado para que se hable también de ella. Esa suerte de monopolio siguió esta semana con la renuncia de Marcelo Rucci (MPN petrolero) a su precandidatura a gobernador, aunque con la habilidad (entiéndase picardía) de dejar el tema abierto, para que quienes están en boca de pozo sigan en boca de todos.
Quiroga era un pícaro por naturaleza. Y, aunque se la pasaba renegando contra el peronismo, tenía lo que se dice la sonrisa de Perón. Sabía muy bien cómo instalar una polémica y permanecer parado en el centro de ella. Decía que a él no lo parió Cambiemos (y así justificaba sus encuentros con dirigentes de otras fuerzas políticas); acusaba que el defensor del pueblo, Ricardo Riva, era un puntero ilustrado del MPN (y así respondía a los cuestionamientos que éste lanzaba). Desde su partida -dolorosa, por cierto- la oposición no ha podido encontrar quien sepa atraer las miradas, y es precisamente esa una de las razones por las que tanto lo extraña.

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