En el mar del cinismo, navega el MPN

Esta es una época de profundo cinismo. No en el concepto de la escuela filosófica fundada por Antístenes, sino en el más directo del significado original de la palabra, vinculado a una acción humana en la que se miente con descaro, y, a la vez, se defiende esa mentira como una verdad inapelable. Algo de la política deberá sortear esta laguna hedionda y fétida, improductiva e inútil en líneas generales a los fines de hacer o encontrar el bien común, para poner en práctica alguna de las cosas simples, y hasta puras, que se practicaron en 1983, apenas renacida la democracia argentina, después de una larga agonía virulenta, llena de odio y violencia.
Se miente mucho, se miente con cierto desgano apasionado. La mayor parte de la mentira se esconde en las palabras que no se dicen: en el ocultamiento de la realidad. Es relativamente sencillo, porque los argumentos han desaparecido a manos de los eslóganes y los clichés usados en las redes sociales. No se argumenta: se afirma con metáforas o alusiones. En Neuquén hay una ordalía de tales prácticas, mientras el MPN se prepara (negociando entre referentes) para reciclar su larga hegemonía, y una oposición cada vez más angosta, aunque no por ello más débil, cuenta con angustia los pocos porotos de las posibilidades.
La coyuntura es durísima, pero circunstancialmente favorable a los intereses del partido del poder local. La guerra ha disparado el precio de los hidrocarburos; el desteñido acuerdo con el FMI permitirá seguir jugando al borde del abismo y llegar así a las elecciones; y los dos años de la pandemia fueron suficientes para conseguir que la gente se ponga contenta con las migajas educativas, de salud y de seguridad que han quedado a flote. El Estado, así, se mostrará otra vez poderoso ante la relativa debilidad del pueblo; y, el MPN, la única cara conocida del Estado en Neuquén, verá facilitada la tarea de reciclaje en la que está empeñado, para aprovechar el dólar-ducto que conecta los yacimientos de Vaca Muerta con la ambición gubernamental vitalicia que -verdad o cinismo- predica el partido fundado gracias a la brutal y equivocada proscripción del peronismo.
Este año el MPN definirá sus candidatos, para que las elecciones sean realizadas en el primer semestre del año próximo. Se dice (y no se desmiente, por ahora) que se hará coincidir los comicios provinciales con los municipales capitalinos; y que así se tendrá una mayor seguridad para sostener el gobierno en las mismas manos. Se dice también que habrá cada vez más “inclusión” extrapartidaria, a tal punto que el partido podría ir a esas elecciones como un frente o una coalición. Nada de esto puede descartarse en el actual estatus quo de cinismo culposo, aunque tampoco puede afirmarse y darse por hecho, porque depende de cómo se entrelacen las circunstancias, y, fundamentalmente, los actores de esas circunstancias.
Por ahora, corren hacia la meta, montado en corceles briosos alimentados por la zanahoria del sillón que dejará vacante Omar Gutiérrez, los asumidos precandidatos Marcos Koopmann y Rolando Figueroa. El sector petrolero, de Guillermo Pereyra y Marcelo Rucci, probablemente negocie sin llegar a la pelea. Y todavía no se sabe si habrá, realmente, una pelea, o solo la simulación de tal cosa. Hay factores que todavía están en juego. ¿Puede, acaso, pedirse alguna certeza en un país que firma un acuerdo para refinanciar su deuda, sabiendo tanto sus autoridades como la del Ente financiero (el FMI), que difícilmente puedan cumplirse las condiciones allí escritas?
La avalancha de relativismo es incontenible, por lo que es importante mirar el bosque más que el árbol que está delante. Conviene incorporar el contexto, mamar de lo general a lo particular, y así, tal vez, se vayan aclarando los conceptos que tanto necesita aclarar una sociedad atormentada.

Rubén Boggi

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