El 2022 será un año de experimentación política a fondo

Quienes piensan que hay que condenar la política atribuyéndole todos los males que el país sufre, estarán fatalmente equivocados, como siempre lo han estado: es la política -la política bien practicada- la que permite al ser humano avanzar, progresar, mejorar condiciones de vida. Esto no quiere decir que es lo que ocurrirá este año que ha comenzado, pero sí puede afirmarse que la política recibirá y concretará aportes profundos, porque hay una necesidad inmensa, superior a todas las mezquindades, que es, precisamente, la de trazar un rumbo constructivo con la herramienta adecuada.

En Neuquén, el año será muy rico en experimentaciones diversas, que se concretarán dentro de los continentes partidarios, y fuera también. Veamos:

En el MPN, se jugará a fondo para encontrar y seleccionar el candidato más representativo para el 2023. El oficialismo ya tiene decidido que Omar Gutiérrez respaldará fuertemente al vicegobernador, Marcos Koopmann. «Quien esté al lado de Omar, tiene todas las de ganar», dicen en el acotado círculo, con optimismo intencionado. Esto es importante considerarlo, porque el año comienza con Koopmann decidido a crecer como candidato posible. Para eso, hará campaña. Tiene la venia del gobernador y también la de Jorge Sapag, el estratega que sigue oficiando de armador en el partido desde la discreción y los gestos medidos y pensados. Así, en principio, se plantea esta primera confrontación, que es, fundamentalmente, con el diputado nacional Rolando Figueroa, el vencedor del año pasado. El plan oficialista es intentar una interna para la renovación de cargos partidarios, y la pregunta es: ¿morderá Figueroa ese anzuelo, o será prescindente? Todavía no se sabe cómo serán las cosas, pero puede anticiparse que más tarde o más temprano, habrá confrontación fuerte. Y siempre está esa opción esbozada y nunca blanqueada explícitamente: si se ve que el partido entra en zona de peligro, se jugará la carta Sapag nuevamente. Algo es seguro: este año, el MPN buscará despejar su horizonte plenamente, ayudado por el aumento de recursos de Vaca Muerta y por una crisis nacional intensa de referentes, tanto en el kirchnerismo como en la oposición a él.

El peronismo, kirchnerista o más o menos o nada de kirchnerista, también buscará aclarar el panorama neuquino. Ya se convocó a elecciones internas, y ese será el primer paso. Lo que está en juego es el tamaño de la coalición que se podría armar. El sector ha perdido algunos jugadores, que ha cooptado el MPN, fundamentalmente a través de la experiencia del gobierno de Mariano Gaido, que ha funcionado en perfecta armonía con los planes estratégicos a mediano plazo. El peronismo, así, tiene dos niveles de realidad simultánea a resolver: por un lado, lo estrictamente partidario, que es si seguirá dominando el tablero Oscar Parrilli, como delegado principal de Cristina, o si tomará el mando Darío Martínez, enancado en su gestión como secretario de Energía. Por el otro, la cuestión satelital: Ramón Rioseco y familia, el remanente frentegrandista de Zapala con Soledad Martínez, y algún que otro sector que abreva en las inquietas aguas de las agrupaciones sociales que levantan el presunto clamor popular de los más desposeídos.

El otro sector que se meterá en la profundización política con muchas ganas, es el que agrupa desde el PRO a la UCR y ahora también, por el momento al menos, a la Democracia Cristiana y a la dividida Coalición Cívica. Allí juega la posibilidad de que la influencia de Jorge Sobisch se haga más concreta; el rol de la UCR con el nuevo liderazgo de Juan Peláez; el equilibrio entre progres libertarios y autodefinidos como derecha sin tapujos, liderados por el diputado nacional Francisco Sánchez; el rol de agitadores extrapartidarios que incursionan en la política desde el año pasado con ganas de protagonismo, como el ala de la CC que comanda ahora Carlos Eguía. En fin, es un universo vasto, con más dirigencia que representación ciudadana concreta y fiel, que intentará tener propuestas coherentes y conducentes uniendo en muchos casos agua con aceite en procura de reflejar el amplio descontento que mortifica a la sociedad argentina.

El 2022 será un año intenso desde y hacia la política, y esto comenzará inmediatamente, sin vacaciones, entre los fulgores complicados de un verano que combina más peste con ansias de libertad, más problemas con esperanzas de mejoras económicas, más anhelos de seguridad en medio de la aterradora vigencia del narcotráfico y la violencia.

Rubén Boggi

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