El turismo de argentinos, una reactivación mentirosa

Poco más de 4 millones de argentinos viajaron por distintos centros del país en el fin de semana largo. Esto sirvió para el paroxismo de la felicidad de los funcionarios del gobierno. Matías Lammens, por ejemplo, sostuvo que «estamos de a poco recuperando la vida que teníamos antes. Es mucho mejor que 2019. Tenemos el mejor fin de semana de los últimos diez años». Es, sin embargo, relativo.

Por empezar, hay casi 19 millones de argentinos por debajo de la línea de pobreza. Lo informó el mismo gobierno que se vanagloria del repunte turístico post cuarentena. Esos casi 19 millones de connacionales no fueron a ningún lado. No pueden hacer turismo. No tienen plata para hacerlo.

El turismo, pues, se ha «recuperado» con la movilización de un sector de la mitad de la población que no es pobre. La balanza del largo déficit de las ciudades turísticas se moverá levemente hacia lo positivo. Pero no es suficiente. Hace falta el ingreso de turistas del mundo. Porque gastan más. Dejan divisas. El turismo es una industria exportadora. Cuando queda reducida al mercado interno, en un contexto inflacionario y de crisis, tiene un rendimiento muy relativo.

Es, en todo caso, muy falsa, la imagen de argentinos felices de vacaciones. La felicidad de una sociedad no se mide por algunas fotos y un poco de reactivación económica, sino por procesos reales, durables, extendidos en el tiempo y afianzados en la confianza.

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