La política se abroquela en el pasado, mientras la crisis arrecia

Uno de los sectores más representativos de la política argentina de los últimos años, el peronismo, y dentro de él, el kirchnerismo, se ha abroquelado, refugiado, atrincherado, en el pasado. Y, la política argentina en general, siempre poco creativa, le siguió el juego. Por lo tanto, se discute actualmente sobre el pasado, no sobre el presente, y mucho menos, sobre el futuro.

¿A quién le importa una definición sobre quién es peronista o no? ¿A quién le importa definir el populismo? ¿Acaso le importa a alguien saber con exactitud lo que quiere decir la palabra «liberal»? En un país con pobreza estructural de 30 por ciento promedio desde 1983 hasta aquí, se discute si Perón abortó la revolución al forzar la renuncia de Cámpora; y se aplican las mismas recetas del siglo pasado: aumentar la distribución aunque no haya nada para repartir.

En plena crisis económica, al borde del colapso y una mega devaluación del peso que podría tornarlo inexistente y obligar a un nuevo cambio de moneda, se aumenta artificialmente la cantidad de jubilados, se duplican ayudas sociales que paga ANSES, y se habla de generar puestos de trabajo genuinos mientras se aplica el exótico reglamento de los feriados largos, para que «los trabajadores puedan descansar y recrearse».

El tamaño de las mentiras va de la mano con la magnitud del desastre. La campaña electoral que arrecia muestra todos los defectos, y muy pocas virtudes, del ejercicio de la política nacional. Fundamentalmente, remite a esa frustración, ese proceso interrumpido, esa revolución no concretada, esa herida abierta generada en las décadas del ’60 y del ’70 del siglo pasado.

Aquel delirio místico ha devenido en este delirio grotesco.

Rubén Boggi

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