Implosión en el MPN y los demás, antes de la campaña

Junto con el avance de la vacunación y la atenuación del efecto más dramático de la peste, comenzó la campaña electoral -antes de su tiempo formal- y se desencadenó el terremoto de las vísperas, previsible, de alguna manera anunciado, pero igualmente con ribetes sorprendentes, pues cada sector tiene su propio sismo (o cisma, según), y la política vuelve a confundir sus propios intereses con los que desvelan y preocupan a la sociedad.

En el MPN, esa agrupación que fue emblema inaugural del tiempo de internas en el partido, a mediados de los ’80 del siglo pasado, el MAPO, mostró una cara que se mantenía en las sombras, una faceta de la situación partidaria que ahora se blanquea: difundió un documento en que se le pide al gobernador y presidente del partido, Omar Gutiérrez, que convoque a Rolando Figueroa para que sea candidato.

En simultáneo, se promocionó fuertemente la unidad partidaria en el distrito capitalino, con la presentación de avales para una lista única con destino a las elecciones municipales. Es el, por denominarlo de alguna manera, “plan Gaido”, con la bendición -no se sabe con qué nivel de placer o displacer- del propio Gutiérrez.

Ambas realidades conviven e implosionan en el MPN. Hasta ahora, el partido no había anunciado candidatos por la Lista Azul, el actual sector dominante. Se había mencionado, por ejemplo, a Jorge Lara (quien ya habría dicho que no), a Sebastián González, y hubo quienes mencionaron a Pablo Gutiérrez Colantuono. La irrupción de Figueroa, no parece una improvisación, un hecho de generación espontánea. Falta solo una semana para la presentación de listas obligatoria ante la Justicia Electoral. El MPN, es de Perogrullo esto, entra en estado de ebullición controlada.

En Juntos por el Cambio, el divorcio forzado que se provocó de la Coalición Cívica, hecho que se concretó apenas se formalizó la candidatura de Carlos Eguía por ese sector, derivó ahora en una presentación formal ante la Justicia para que la coalición integrada ahora por el PRO, la UCR y Nuevo Compromiso Neuquino -con Pablo Cervi como candidato- no pueda usar el nombre que lo distingue a nivel nacional.

En el Frente de Todos, a la movida oficial que elucubra candidaturas femeninas y que negocia como siempre con Ramón Rioseco y su feudo cutralquense, le brotó una competencia, también cantada de antemano, liderada por Fabián Ungar, con la agrupación “Neuquén de Todos”, que anticipó su pedido de llevar el número 10 (¡Qué numerito!) en las PASO. En estos días se sabrá que resuelve la comandancia peronista, que debe atender también a la rebelión capitalina, de un sector que reclamó internas hasta ahora sin éxito alguno.

Todo esto sucede en medio de una sorda crispación institucional en Neuquén. Es que no hay manera de pintar realidades bonitas, siendo parte de un país con 50 por ciento de pobreza, más de 101 mil muertes por la pandemia (Argentina ya tiene más muertos por millón que los que ha tenido Italia, país al que se miraba con espanto el año pasado), y en el que no obstante la polémica y la discusión pasan por un atentado (a la AMIA) ocurrido hace 27 años, o la compra de penes de madera.

El desubique político nacional influye también en Neuquén, hay una sincronía culposa y, posiblemente, involuntaria. A la política mucho no le importa. Funciona con su propia inercia, anestesiada contra sus propias dolencias, errores, o ineficacias.

Rubén Boggi

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