La búsqueda de la patria

Los argentinos no tenemos una patria, sino la búsqueda de una patria. Es decir, estamos en proceso de construir una patria que sea para todos, que todos estemos de acuerdo en que esa es la patria, y no otra.

En 1816, cuando se declaró la independencia, la patria no existía. Esa declaración marcó un hito fundacional, y el proceso comenzó. Hubo guerras civiles, cruentas, difíciles. Se redactó el gran acuerdo que fue la constitución de 1853. Se anexaron territorios que habían permanecido sin integrar la institucionalidad argentina, como la Patagonia, donde ahora vivimos. Y esto sigue: todavía no hay acuerdo en los principios básicos que deberían caracterizar a la Nación, que es la columna vertebral de eso que llamamos “patria”.

La patria es algo más que sus símbolos. La bandera, el mate, el locro, las empanadas, el campo, el tango, el lenguaje, el fútbol. Allá por los ’70 del siglo pasado, un gran personaje argentino, el pianista Enrique Villegas, dijo en uno de sus recitales (en los que hablaba mucho, con una aguda inteligencia) que no podía identificar un país en un territorio donde cada provincia decía tener la mejor empanada. ¿Si no nos ponemos de acuerdo en las empanadas, por qué nos pondríamos de acuerdo en cuestiones más complejas?, reflexionaba.

El rasgo común de nuestra patria ha sido, en estos 205 años, la confrontación, la división, la pelea; mientras, en paralelo se habla de paz, de unión, de armonía. La práctica y la teoría han permanecido separadas.

La patria necesita su independencia. Esto lo sabemos desde la experiencia individual. Nadie puede ser libre de verdad si no declara su independencia, se va de la casa de sus padres, planta su propia huella, tiene su trabajo, construye su capital, cría a sus hijos, desarrolla sus habilidades. En eso andamos, buscando, los argentinos: construir una economía que le sirva a los ciudadanos, que les permita ser libres, o sea, independientes, y consolidar de esa manera la independencia de la patria, porque no se puede tener una patria sin libertad, y no se puede tener libertad sin ciudadanos libres.

A 205 años, en este 2021, todavía andamos buscando la Patria, es decir, andamos buscando las razones comunes, para edificar a partir de allí. Se busca y necesita un abrazo como el de la posta de Yatasto. Un gesto como aquel regalo de San Martín a Rosas. Una palabra como aquella pronunciada por Ricardo Balbín ante el cadáver de Perón.

Ponerse de acuerdo en dos, tres, cuatro cuestiones fundamentales. Cosas que permanecerían inalterables. Y, a partir de allí, construir opciones, diferencias.

Pero no hay patria cuando yo digo blanco y vos decís negro, y ambos no entendemos que, en realidad, estamos diciendo gris.

Rubén Boggi

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