La hora de las coaliciones en la política neuquina

Mientras más de 80 mil muertos decoran tristemente una realidad argentina de la que nadie quiere hacerse cargo plenamente, casi con un pudor inocultable, disfrazados de superhéroes de la recuperación nacional, los partidos políticos comienzan a cumplir con los primeros pasos hacia la más singular de las campañas electorales del último siglo de historia.

En el MPN, el tremor se expande silenciosamente. Las diferencias internas se han incrementado con la pandemia, tanto como el esfuerzo para ocultarlas. No hay candidatos firmes todavía, pero sí dos esfuerzos que serán diferenciados: por un lado, el que se haga -muy relativo- con la campaña de candidatos para las nacionales de noviembre; por el otro, el que se hará -más intenso, más dedicado– por las elecciones locales, las capitalinas, que incluirán una consulta popular (por sí o por no) para enmendar la carta orgánica y terminar con las elecciones de medio término.

Esa puja será interesante. Más que la pelea por bancas en el Congreso, en la que el MPN tiene pocas posibilidades. Allí se concentrará el esfuerzo del Frente de Todos y de lo que formará Juntos por el Cambio. Los dos polos de la “grieta” del país, políticamente hablando. En los comicios capitalinos, en cambio, se jugará mucho. Será un preámbulo de lo que vendrá para el 2023. Los elegidos tendrán mandato de dos años solamente, una especial incongruencia de la ordenanza de enmienda votada en el Deliberante, ya que se da por hecho que la consulta popular ineludible se pronunciará por el sí, y que ese dictamen simultáneo coincidirá así con la propiedad del cargo que asumirán en función del veredicto de las urnas.

La elección capitalina será también una prueba de fuego para el intendente Mariano Gaido y todo lo que él encarna. Es decir, el iceberg que aguarda, sumergido, por ahora, el momento de la gran definición para saber quién aspirará a suceder en el trono máximo del MPN a Omar Gutiérrez. Gaido es la cabeza visible y concreta de un sector que se mueve con independencia de lo que se defina desde el sillón gubernamental. No quiere decir que haya confrontación, pero sí hay que diferenciar entre ambas corrientes. Por eso, será interesante observar cómo se integra en la práctica la amplia coalición que el partido provincial tiene formada ya, y que seguirá en construcción hacia el 2023.

La política ya no se mueve por partidos, sino por coaliciones, frentes, alianzas. El MPN tiene en marcha una. El Frente de Todos, que acaba de ser convalidado nuevamente desde el Partido Justicialista, es otra. Y lo que era Juntos por el Cambio intentará, también, sostener la confluencia original con, tal vez, algo más que se les pegue. Hasta las expresiones menos masivas guardan esa metodología. La Democracia Cristiana que conduce Jorge Sobisch, también es un aglomerado. La izquierda, asimismo, es una medusa en permanente integración y disociación. Estos dos ejemplos últimos han crecido después de la monumental crisis que soportó, con el conflicto de los autoconvocados, el sistema de salud.

En la coalición del MPN hay un componente sindical estatal que se prende como garrapata. Tiene candidato concreto: Emanuel Guagliardo, abogado, hijo del secretario general de ATEN, Marcelo. Integra el equipo multidisciplinario que se alberga en el mega estudio de Mariano Mansilla. Allí se asumen representaciones clave. Por ejemplo, la de Carlos Quintriqueo en las causas judiciales que enfrenta tras silenciar a tres radios FM que tenían instalados transmisores en la antena de Parque Norte. Gugliardo competirá por una banca en el Deliberante, alineado con el MPN. No es la primera vez que el sector que lidera Mansilla juega con el partido provincial. Lo ha hecho tanto a favor como en contra. Todavía se recuerda cuando incorporó en el UNE de entonces a referentes emepenistas que, circunstancialmente, se habían alejado del oficialismo de turno.

Nadie se pone colorado por las presuntas incongruencias. La política neuquina deglute y acepta todo, y como invariablemente conforma un estatus quo, siempre se ven los mismos referentes en la danza. A veces, bailan al ritmo del cuarteto, a veces de la chacarera, a veces hacen un pogo enloquecido y sin mayor sentido rítmico.

Rubén Boggi

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