Superpoderes a Fernández: el zorro en el gallinero

En medio de la maraña de un texto pretendidamente cuidado, en el que abunda el concepto de «razonabilidad», el presidente Alberto Fernández, en estos días de viaje diplomático por Europa, jugó la última baza de un juego peligroso: el que requiere del Parlamento la delegación de poderes extraordinarios, argumentados en función de la excepcionalidad de la pandemia de coronavirus.

El gobierno hace esta movida a un año y dos meses de instalada la pandemia en Argentina; cuando ya se ha puesto a andar el remedio para la enfermedad, que son las vacunas. No parece una medida sanitaria, y no lo es. Es política, y podría decirse que lo que se busca es lograr gobernar un país que se está tornando ingobernable. La teoría del caso es que las leyes y la Constitución son una molestia cuando es necesario aplicar mano firme y dura.

El gobierno pretende mandar por sobre los gobernadores. Es lo que hizo hasta ahora por DNU. Ahora ya no puede, porque los gobernadores, que al principio aceptaron el sometimiento, ahora ya no lo aceptan, salvo las excepciones del caso, que siempre hay. Quiere, entonces, una ley. Esa ley igualmente no podrá salvar lo que la Constitución ordena respecto del sistema de gobierno argentino, que es federal. Ataca, desde su proyecto, la democracia -pues impone un circunstancial modelo autoritario- y la República, porque otorga poderes extraordinarios al titular del Ejecutivo.

El presidente, en estos momentos, es como un zorro que entra al gallinero diciendo: «no os preocupéis, amables gallinas. No haré nada que las perjudique».

Rubén Boggi

Etiquetas del artículo:
·
Categorías de los artículos:
Política

No se permiten comentarios