El MPN es parte de la crisis: el desastre es ahora

La crisis política sólo está buscando su correlato con la crisis profunda de la realidad argentina. Por eso no debe extrañar que en Neuquén no acierte el MPN, ni el Frente de Todos, ni Juntos por el Cambio, en poner en escena alguna cuestión que merezca realmente la pena, es decir, que sintonice con las dos variables reales que atormentan a los argentinos: la pandemia y la economía. En la gran simulación de la política que es hoy la política, las mezquindades están a flor de piel, y la inteligencia parece un bien devaluado, un retazo a vender en una tienda de mal aspecto y pésima reputación.

El gobierno del MPN solo atina a repartir en función de la demanda. Los autoconvocados apretaron y consiguieron algo, un logro salarial, que no podrá atribuirse el ATE de Carlos Quintriqueo, más allá de su mitomanía lindante con el delito; pero el gobierno no ganó nada, perdió plata junto con imagen, salió a pedir permiso para endeudarse más, y no solucionó la crisis profunda de los hospitales, que están con sus unidades de terapia intensiva al 97 por ciento, soportando apenas la presión de la segunda ola del coronavirus.

La izquierda, en gran parte parasitaria del mismo Estado que critica, gobernado por el MPN, salió a presionar también, ya que estaba el camino abierto en buena medida gracias al conflicto hospitalario. ¿Qué hizo el gobierno? Más plata, de esa que no hay: aumentó el presupuesto para subsidios, de 13 a 17 millones de pesos, y duplicó las partidas para comedores y merenderos, que la misma izquierda administra. De nuevo, la contención a como de lugar, porque hay conciencia de que una gran masa de pobreza pone a la realidad al filo del desastre. Pero no hay propuestas superadoras, ni firmeza en las posiciones. Tampoco parece haber la percepción concreta de que el desastre no es futuro, sino presente.

El Frente de Todos balbucea en dos idiomas. Por un lado, se sale a defender de la ofensiva sapagista, del costado más lúcido del MPN, que lo ubica al senador Oscar Parrilli como un gran favorecedor de todo aquello que le haga daño al gobierno de la provincia; ataca, entonces, ubicando a Omar Gutiérrez como alguien incapaz de resolver cuestiones tan importantes como la crisis del sistema de Salud; por el otro, sumido en la vorágine de ese enfrentamiento increíblemente nefasto, entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández, tira manotazos hacia la viga que el MPN ostenta como propia, es decir, Vaca Muerta, y el presidente recibe a Marcelo Rucci y Guillermo Pereyra en Olivos, dos destacados referentes del manejo sindical de los yacimientos, que es como recibir la pata más metida en el barro de lo concreto que tiene el MPN; y le tira buena onda, porque si Vaca Muerta no renace a pleno, el futuro inmediato es todavía más oscuro, con o sin tarifas aumentadas, con o sin Martín Guzmán en el ministerio de Economía.

Juntos por el Cambio se aferra a las letras de la Constitución y al esquema republicano, pero sin tener en cuenta que todo se torna abstracto cuando la realidad pasa por arriba de los libros, los tratados, las bibliotecas. No termina de definir si debe seguir el esquema abierto de republicanismo más de trinchera, práctico y sagaz en lo estratégico, que ofrece la UCR, o sumergirse en la coyuntura electoral, cerrar los ojos, apretarse la nariz con los dedos de la mano y abrirle la puerta a la Democracia Cristiana de Jorge Sobisch, para poner delante del carro una expectativa de votos un poco más firme, aunque sea tragándose algunos sapos que vienen del pasado inmediato.

Así, cada sector político mayoritario o con posibilidades de serlo, en Neuquén, se quiere acomodar a una realidad que no tiene, o tiene poco, de bueno, pero a la que hay que buscarle una justificación en forma de salida. Con la pobreza a nivel nacional en 54 por ciento, la inflación que no baja de entre 3,5 y 4 por ciento mensual, y gobiernos que solo atinan a poner plata en los bolsillos con subsidios y planes sociales que salen de un tesoro agotado y mentiroso; con la pandemia en su segunda ola que se cobra vidas todos los días y su remedio, las vacunas, que solo han llegado (en una dosis) a entre 25 y 40 por ciento de la población, según el distrito de que se trate… parece que solo queda seguir fingiendo que hay una política, mientras se busca a un tiempo la bendición del FMI y del Papa Francisco.

Las encuestas, esa práctica que ahora da miedo mencionar, porque la gente puede enojarse más todavía, señalan claramente el deterioro implacable de la imagen de los principales políticos, a nivel nacional y en todas las provincias; indican, además, que la principal preocupación es la economía (la inflación); auguran, en definitiva, con el áspero lenguaje de las estadísticas, que el desastre está presente, que ya no hay que esperarlo más, y que solo hace falta que el establishment político se dé cuenta.

Rubén Boggi

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