El conflicto de Salud juntó agua y aceite de la política neuquina

La coyuntura es singular, prácticamente inédita, con ese prolongado conflicto de los hospitales que rompió los cauces y diques del sindicalismo, para constituirse en un movimiento un poco anárquico que ha logrado conmover a las instituciones; y, dentro de la singularidad, se produjo en Neuquén un hecho político asimismo singular, casi raro: la unión de los bloques del Frente de Todos (kirchnerismo) con Juntos por el Cambio (macrismo).

Todo sucedió en invocación, precisamente, al largo conflicto hospitalario y su permanencia altamente perjudicial sobre las rutas. El contexto es el del progresivo encauzamiento del tema por un camino político, en el que la Legislatura, por ser epicentro de representación ciudadana, naturalmente tiene. Los diputados del MPN, y algunos aliados, renunciaron al cobro del 30 por ciento de incremento en sus dietas (unos 70 mil pesos mensuales), para que ese dinero se destinara a los trabajadores hospitalarios. Y esto desencadenó a su vez una serie de comportamientos políticos.

El más importante, la unión del agua y del aceite, del kirchnerismo y el macrismo y sus grises internos. Centralmente, para hacer causa común en respaldo a los trabajadores de la Salud, y en condena a la demora en resolver los problemas del gobierno de Omar Gutiérrez. Esta posición, acompañada por un proyecto concreto para crear un fondo especial hospitalario, que refuerce el presupuesto para el sector, y permita incrementar los haberes de los trabajadores en mayor proporción a lo que ya se ha aplicado.

A esto hay que ubicarlo en tiempo y espacio: conferencia de prensa para anunciar esto, abandono circunstancial de sesión, repudio de otras fuerzas (la izquierda, que quería tratar sobre tablas la anulación del aumento en las dietas legislativas), y aprovechamiento del MPN que les enrostró a kirchneristas y macristas su unión sin renunciar a los 70 mil pesos de aumento que los diputados cobraron automáticamente. Esto es así por esa cláusula gatillo que les permite una presunta elegancia a los legisladores para aumentar sus haberes: ellos votan el aumento a los empleados legislativos, y después, de manera automática, ese incremento se traslada a sus dietas (tema que se inventó hace años, no ahora).

Finalmente, se debe apuntar cómo terció en el tema la Democracia Cristiana, que vendría a ser la expresión legislativa del “neo-sobischismo”. Este sector directamente propuso reasignar partidas del actual presupuesto: quitarles dinero a obras presuntamente superficiales, como por ejemplo las canchas de césped sintético, o las refacciones en el edificio de la Legislatura. Entre esas dos cosas, se obtendrían para los trabajadores hospitalarios casi 700 millones de pesos, este año.

Rubén Boggi

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