El intento de suicidio neuquino puede ser catastrófico

Si Neuquén no fuera una provincia, sino un paciente, el diagnóstico sería “intento de suicidio”. Habría que tratarlo psicológicamente, tal vez medicarlo. Preocuparse, en principio, en mantenerlo con vida; y, enseguida, motivarlo para que entienda que vivir tiene sus riesgos, sus castigos y sus recompensas.

El conflicto de Salud se expresa en la consigna “hay que paralizar Vaca Muerta”. El fundamento de esta frase, echada a rodar con ánimos revolucionarios, entre el humo de las fogatas y el sonar de los tamboriles, es presionar a un gobierno al que se le endilga una obsesión petrolera, una dedicación exclusiva que apunta al recurso de los yacimientos, mientras se olvida de los trabajadores en los hospitales.

Volvamos a la abstracción: si el conflicto de salud pudiera encarnar en un solo neuquino, una persona, se lo vería parado sobre la barda, desnudo, y dándose con un cascote en los dientes. Haciéndose daño a sí mismo. Con la elección, como objetivo de la lucha, de pelear contra el recurso que le da de comer a quien encara la pelea.

Al paralizar Vaca Muerta, no se le hace daño a un gobierno. Se le inflige un daño severo a la sociedad toda. También a los hospitales. El presupuesto de los hospitales sale, al menos en 40 por ciento, de las regalías que generan el petróleo y el gas de los yacimientos.

Al mismo tiempo, hay una pandemia. Es una segunda ola que crece. Sin alarmismos, lo razonable indica que hay que extremar precauciones. Justo cuando los hospitales más se necesitarán, es cuando se ven resentidos, objetivamente, al protagonizar -con justicia, o sin ella, no importa- una pelea que se muda desde las salas de terapia al riguroso pavimento de las rutas.

¿Qué es lo que ha llevado al paciente a intentar el suicidio?

El entramado de esta psicología es complejo. Se mezclan internas sindicales, pujas políticas, reivindicaciones sociales. Está la interna de ATE. Está el aprovechamiento del sindicato camionero para ganar terreno sobre el sindicato petrolero. Está la alimentación del fuego que se hace desde la izquierda, para avanzar en su propio crecimiento como sector político. Están los errores de la administración del Estado, acumulados a lo largo de décadas. Está la aparente indiferencia del gobierno nacional hacia un punto clave de su propio sostén económico.

El diagnóstico puede variar. Pero debe entenderse que hay peligro de muerte. Y que esa muerte puede derramarse sobre todos. Sobre los que tienen razón y los que no la tienen. Sobre los justos y los injustos. Sobre los honestos y los corruptos.

No te suicides, Neuquén.

Rubén Boggi

Etiquetas del artículo:
· · ·
Categorías de los artículos:
Editorial

No se permiten comentarios