Se perfila un fin de conflicto sin satisfacción para el gremio docente

Lo primero que hay que tener en cuenta en Neuquén al evaluar el conflicto entre el gremio docente ATEN y el gobierno del MPN, es que implica la continuidad de un proceso que viene desde hace muchos años, y que encuentra su raíz principal en 1997, hace exactamente 24 años, cuando la provincia era gobernada por Felipe Sapag, y la crisis petrolera había derrumbado los precios, las regalías, y el Tesoro de la administración mostraba el costado más flaco de los bolsillos.

En 1997, las clases comenzaron con huelga, la huelga ocupó las calles y los puentes. El impacto de la “pueblada” de Cutral Co y Plaza Huincul estaba fresco. El gremio ATEN estaba dividido entre moderados y más extremos, con dos maestras al frente: a nivel provincial, María Eugenia Figueroa; en la poderosa seccional capitalina, estaba Liliana Obregón. Los docentes bloquearon el puente entre Cipolletti y Neuquén, y terminaron desalojados por Gendarmería. El ministro del Interior era Carlos Corach, y la ministra de Educación nacional, Susana Decibe. En Cutral Co-Huincul, en otro enfrentamiento y por una bala perdida durante la represión de una movilización docente, murió Teresa Rodríguez, y empezó el mito de ese nombre asociado a las luchas proletarias de la izquierda.

Es 2021 ahora. Dos décadas y casi un lustro después, sigue gobernando el MPN. El panorama es comparable. Hay una crisis en el Tesoro provincial, producto de la merma en los recursos del año pasado, bajo la doble influencia de la pandemia de coronavirus y la crisis de precios del petróleo. El gremio docente quiere levantar el nivel salarial de sus representados, como entonces, y el gobierno, ahora con Omar Gutiérrez a la cabeza, le contesta más o menos lo mismo que lo que decía hace 24 años Felipe Sapag: no hay más plata para repartir, que la que ya se ha ofrecido.

El gremio docente tiene los dos sectores divididos bajo el mismo esquema ideológico que había entonces. Marcelo Guagliardo representa al sector más moderado y negociador, pero también va al frente como lo hizo antes María Eugenia Figueroa. El sector de izquierda más intransigente está representado por dirigentes como Patricia Jure y Angélica Lagunas, herederas de aquella Liliana Obregón que agitaba las banderas rojas en las narices mismas del venerable Sapag.

El paro que está vigente en Neuquén llega hasta el martes. Las movilizaciones, están todavía condicionadas por el efecto atemorizante de la pandemia, y, además, por la historia que une aquel 1997 con este 2021, con el tremendo hecho que implicó la muerte de Carlos Fuentealba, en 2007, en el medio: han sido fuertes, pero no tan impactantes como aquellas anteriores. Ciertamente, hay otra instancia política, pues gobierna el kirchnerismo, que ha ocupado el lugar de presunto antagonismo de aquel menemismo de los ’90. Y, el MPN, está menos dividido que lo que estaba entonces, cuando se había partido en sus dos versiones antagónicas más virulentas, el sapagismo y el sobischismo.

Aquella huelga de 1997 fue contundente y tuvo repercusión nacional, en un contexto de resurgir fuerte de la lucha gremial docente contra la reforma educativa de Decibe-Menem, que originó la Carpa Blanca. Pero no implicó la mejora salarial que pretendía el gremio ATEN, ni cerca.

Ahora, a semejanza en los procesos y metodologías del conflicto, puede muy bien darse también un resultado parecido. Nada indica que aparezcan condiciones para mejorar sustancialmente la oferta salarial que se ha planteado, y rechazado, por el sindicato.

Es probable que todo termine como entonces. Con un acuerdo firmado tras mucho sufrimiento, dolor, y desprotección del derecho ciudadano de acceder a la educación pública. Un acuerdo inexorable, que significará una victoria pírrica para quien quiera vestirse con las ropas del presunto vencedor.

Rubén Boggi

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